Siempre me obligo a mí misma a hacer limpieza en mi dormitorio al menos una vez cada dos semanas. Y este sábado, rebuscando y reorganizando carpetas y antiguos libros de texto, he hallado esto. Éste es uno de mis fragmentos predilectos de “El Inicio”, que, hace tres años era el título del primer libro de un conjunto de cinco que comencé a escribir, pero que acabé dejando cuando comprendí que lo mío era la novela de terror, y no la novela de fantasía (soy demasiado sádica, necesito mi ración diaria de sangre). Está algo mejorada y he añadido bastantes detalles, porque la verdad es que la original no es tan completa. (Encontré el manuscrito escrito a plumilla y con una ilustración hecha a tinta) Espero que guste; a mí la verdad es que me conmueve…
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Todo había comenzado una noche de septiembre, cuando Julian se descubrió a sí mismo solo y sin más compañía que lo puesto y algunas ratas que roían sus pantalones en la esquina de un sucio y maloliente callejón de alguna anónima ciudad del Este. Sólo contaba con trece años escasos, pero ya era delincuente, curandero y embaucador. Se ganaba la vida vendiendo remedios contra los dolores de estómago en la plaza del mercado. Él mismo los fabricaba, recogiendo las hierbas medicinales de los jardines de los señores o de los parques públicos; de vez en cuando asaltaba las farmacias.
Unos verdes ojos fieros miraban desdeñosamente al mundo tras la cortina de pelo rubio pajizo que le caía sobre el rostro. Tenía la tez tan pálida como el mármol, tras la capa de mugre que la cubría. Era astuto, inteligente y vivaz, y más de una vez había logrado salvarse de los Tribunales del Santo Oficio y de la hoguera, así como de los calabozos de la ciudad.
Pero estaba solo. Y, por mucho que debatiera con su conciencia y se negara a aceptarlo, este sentimiento de soledad era lo que le corroía por dentro y le convertía en un muchacho débil y enfermizo. Necesitaba el cariño, la amistad de una mujer, ansiaba el calor de aquella madre que nunca había tenido.
Abrumado, se puso en pie despacio, con sumo cuidado, y se arrebujó más en el raído abrigo que apenas le cubría el cuerpo. Caminó lentamente, con pasos pesados, a través de callejas y callejones, a través de parques, jardines y plazas. No sabría decir cuánto mantuvo ese cansino ritmo, pero lo que sí observaba es que por muchas horas que llavara andando, nunca se hacía de día.
Cansado y hambriento, sucumbió a los brazos de Morfeo, y se recostó en una esquina, apoyando la espalda en una dura y gélida verja de metal. El suelo estaba frío y húmedo por los recientes chaparrones, y la niebla lo cubría todo, impidiéndole ver dónde se hallaba.
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Cuando despertó a la mañana siguiente, aún era de noche. Tanteó nervioso la verja al lado de la cual había dormido, presuroso por encontrar un cerrojo o una manija que le permitiera franquearla. No le convenía ser visto, pues sabía que pronto (no veía el Sol, pero lo intuía) despertaría el mundo, y entonces no tendría ninguna oportunidad de escapar de las burlas y del desprecio; eso si no era atrapado por alguno de los fanáticos religiosos que habían puesto precio a su cabeza.
Se deslizó entre los barrotes de la verja, viéndose incapaz de encontrar una puerta, y, arropándose en la espesa niebla, avanzó lenta y cautelosamente a través del camposanto.
De vez en cuando tropezaba, y entonces permanecía un tiempo agachado en el suelo, con el pecho jadeante apretado contra alguna lápida, con los ojos muy abiertos e intetando contener la respiración, por temor a ser descubierto.
Cuando por fin consiguió hallar un camino por el que conducir sus pasos hacia la nada, la niebla se había disipado un poco, y Julian ya conseguía distinguir los difusos contornos de las estatuas y de los panteones del cementerio. Desde un pedestal de piedra, los ojos inexpresivos de un ángel de mármol le observaban ciegamente. Sostenía entre sus manos un libro de piedra y unos cabellos largos hasta la cintura asomaban bajo la capucha de su túnica de mármol.
Julian le acarició la mano, ansiando por un momento sentir el latir de la sangre en las venas de la muñeca del ángel. Se apartó bruscamente de la figura y se acurrucó a los pies del pedestal, sintiendo que una única lágrima, fría como el hielo, se escurría por su mejilla.
Subió al pedestal, situándose a la altura del ángel de piedra, y extendió lentamente la mano, mientras rozaba las mejillas pálidas de la estatua con la punta de los dedos. El mármol estaba frío y yermo, pero Julian le rodeó el cuello y sollozó, sintiendo cómo sus alas le envolvían, en un silencioso y melancólico abrazo, gélido y carente de sentimientos. Acercando su rostro al del ángel, suavemente posó sus labios sobre los de la estatua, retirándolos al instante al sentir el tan inexplicable como ardiente contacto del mármol en su piel. Lanzándole una última mirada al ángel de piedra, saltó al suelo y se alejó a la carrera, internándose en la espesura de tumbas que alfombraba el suelo del camposanto.
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(Siempre que cuelgo un dibujo de Victoria Francés digo lo mismo, pero este es uno de mis favoritos. Me encanta la melancolía que expresan sus ojos, y que, en cierto modo, me recuerdan a los de Julian)
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Buena, muy buena historia… me recuerda mucho a las Leyendas de Bécquer, aunque aquí las figuras de piedra y mármol todavía no han despertado.
Tremendamente bien escrita, con el célebre gusto por lo macabro propio del Romanticismo. Tiene además el aspecto de un cuento infantil pero con un toque mórbido, acentuado por la enfermedad de Julián.
Bien hecho!
¡Salud, y bienvenido de nuevo al Templo!
Gracias por el comentario: con gente así da gusto tener un blog XD. Bueno, sí, he de confesar que las leyendas de Bécquer son una de mis lecturas predilectas… pero tiempo al tiempo. La historia se parece un poco al cantar del caballero de Castilla, con el final trágico y el Dios que no acepta las plegarias del protagonista, y con esto ya casi te lo estoy desvelando todo jeje.
Precisamente por el toque “Romántico” me di cuenta de que lo mío eran las historias macabras y no la magia y la fantasía… así que ahora me decanto por el terror y el ocultismo.
¡Un saludo!
Es buena, te voy a dar una crítica constructiva, te falta mejorar un poco tu redacción y describir un poco mas las escenas; pero es bastante aceptable.
Pero tiendo a pensar que escuchais Mago de Oz, ya que “La unica iglesia qe ilumina es la que arde” si no mal recuerdo es de ellos, también el “Santo Ofio”, refiriendose a la iglesia y la Santa Inquisición.
¡SALUDOS!
¡Felicidades por tu libro!
Salud, Daran;
Bueno, antes de nada, darte la bienvenida al Templo. Gracias por el comentario, me alegra saber que, a pesar de los errores y todo eso, te ha gustado.
Ya lo sé que no soy una gran escritora, de hecho, tengo perfectamente asumido que no escribo bien, y para eso tengo este blog, para mejorar como persona y como escritora. En él cuelgo lo que se me ocurre… la palabra es la única manera que tengo de expresar mis sentimientos.
A mí personalmente Mägo de Oz me encanta, es uno de mis grupos favoritos, y lo de “la única Iglesia que ilumina es la que arde”, sí, es de ellos: es una frase incluida en la canción “Diabulus In Musica”, una de las mejores (o al menos a mí me lo parece).
Pero, sin embargo, el Santo Oficio ya existía desde el siglo XI, es el nombre que le daban a la Inquisición los que pertenecían a ella.
Un placer recibir tus consejos, muchas gracias por las felicitaciones; espero verte de nuevo por aquí.
¡Un saludo!
Lady Nerón; Señora del Sagrado Templo.
Gracias por atender mi comentario, y lastima que Mago de Oz se este volviendo un grupo mas comercial.
¡Saludos y te seguiré visitando!
La única Iglesia que ilumina es la que arde, el nazareno duerme en su cruuuuz! Lalalala(8) XD
Tenía que hacer la broma, lo siento :S
Muy buena historia, al igual que Reaper Shadow, me ha recordado mucho a las Leyendas de Bécquer (tengo el libro bwhajaja!). Quitando el hecho de que no pasa nada sobrenatural… Por el momento
1beso!
… Quiero estar junto a ti, y alimentar tu boca, hay veces que el dolor duerme en una canción, y sé que moriré de amor decadente, lúgubres besos, quémate en mí…
Es una canción que me encanta, yo creo que de las mejores (en cuanto a letras que hablan sobre el Anticristo y todo eso, que también tiene unas cuantas “folkies” bastante buenas).
Vaya, muchas gracias, me alegra saber que te ha gustado, pero, tengo un problema… aunque tengo el borrador inicial de la historia, no sé cómo continuar; ¿se te ocurre alguna idea? Se aceptan sugerencias, y cuantas más, pues mejor.
Un beso, Lost.
Tengo la idea de que en lo que corria lo encontraba un cura o padre expulsado de la iglesia, que a su vez tenga su historia triste pero llena de sabiduria, ya con eso tienes otro capitulo.
Despues podrias ponerle que le enseña varias cosas a julian con las que siga sobreviviendo a lo largo de su vida; haz que creesca, que se enamore, asi poco a poco logre algunos de sus deseos, por consiguiente lo encierren en la carcel y para no salirse de la epoca puede terminar muriendo en la hoguera.
Esta muy resumida pero espero te de una idea
Salud, Daran, y bienvenida de nuevo.
Vaya, muchas gracias por la sugerencia. Me parece una buena idea, y me lo pensaré e intentaré redactar algo estos días. Ya te avisaré cuando tenga algo nuevo o alguna idea.
Gracias por seguir pasándote por aquí. Un saludo.
La frase “La única iglesia que ilumina es la que arde” no es de Mago de Oz, o sea si la utilizan en la canción Diabulus in Musica pero esa frase es del filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche.
Bienvenido, Fäbio, y muchas gracias por el comentario.
No tenía ni idea de que Mägo había tomado prestada la frase de este filósofo. Sin duda interesante, investigaré algo más sobre él y quizá le dedique un post y “tó”.
Un saludo.