Hacía demasiado tiempo que no publicaba nada: de hecho, pido mil veces perdón por no haberme apresurado más a la hora de escribir este artículo (sí, es una mala costumbre el ponerse a escribir los trabajos la tarde antes de la fecha límite de entrega)
Hace ya unos meses, me sorprendí en el Carrefour de mi pueblo, como siempre, revolviendo entre las ofertas de libros (comparado con otros centros comerciales, la variedad de títulos es amplia), desesperada porque la última edición del cómic “V de Vendetta” había desaparecido, ansiosa por encontrar algún que otro libro decente que llevarme a los ojos (el dinero en mis manos arde, sí) Y hete aquí que me topé con un volumen que me resultó especialmente llamativo por el título: “Historia medieval del sexo y el erotismo”, de Ana Martos, así, como por ensalmo, rodeado de multitud de novelas rosas de edición barata. Confieso que al principio me daba demasiada vergüenza comprarlo (esperé una semana antes de atreverme), pero, una vez leído, decidí tomar el tema prestado para mi trabajo de grupo de la tercera Evaluación.
La parte moral y sociológica, mía, y la parte científica, obra de 1lisiado (aunque con mis correcciones, como siempre)
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Aunque vemos la Edad Media como una época de oscurantismo y de ignorancia tanto por parte del pueblo como de la nobleza y los altos cargos, ya que las únicas personas instruidas eran los religiosos (y no todos en la misma medida), se ha confirmado que el tópico de la superstición y el retroceso cultural no es del todo cierto.
Es en la Baja Edad Media (aproximadamente hacia el siglo XII) cuando nace (o más bien se reinventa) la definición del amor, gracias en parte al buen recibimiento de la poesía provenzal o de amor cortés por parte del pueblo; a partir de entonces, la mujer es idolizada y venerada como uns diosa, un ser divino al que había que complacer y adorar, tanto física (porque los hombres, en la Edad Media como en cualquier época, amaban la belleza exterior de la mujer; belleza, que, por otra parte, estaba basada en los cánones propios del Medievo) como intelectualmente, lo cual supuso un gran avance y una gran mejoría en la vida de las mujeres, al menos en lo que a su vida sexual se refiere, una mayor libertad. Mujeres de noble cuna, tales como la reina Leonor de Aquitania, gran aficionada a los poemas de los trovadores, revolucionaron el panorama sexual, al divorciarse ésta de su marido, Luis VII de Francia, para casarse con Enrique de Anjou (quien posteriormente sería rey de Inglaterra)
Es durante este período cuando nacen las primeras historias de amores imposibles y relaciones en secreto, de amor cortés, inconcebibles apenas unos años antes; como ejemplo la sociedad medieval nos ha legado la leyenda de Tristán e Isolda.
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(Tristán e Isolda, la pareja protagonista de uno de los más famosos poemas de amor cortés medieval)
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Sin embargo, antes de este nuevo resurgimiento del amor y, sobre todo, de la sexualidad sin pudor, y debido a que la sociedad medieval era una sociedad regida por los ideales tanto políticos como religiosos de la Iglesia, el clero (quienes, por otra parte, eran los menos adecuados para inmiscuirse en dichos temas, pues la doctrina católica, al igual que en la actualidad, imponía voto de castidad a los religiosos) tuvo que poner el grito en el cielo debido a las libertades que se tomaba el pueblo llano con respecto a el tema de la sexualidad: el coito pasó a ser una actividad sucia, pecaminosa y prácticamente anticristiana, despreciable, y les fue impuesto un régimen meramente funcional: el de la reproducción. Se prohibió la práctica del sexo “no convencional”, que incluía prácticas tales como el coito durante el período menstrual de la mujer, la utilización de métodos anticonceptivos, el sexo oral o incluso la masturbación. Tal era el afán de la Iglesia por controlar las prácticas que se llegó a dictaminar pecado que los esposos lo practicasen durante fechas como la Navidad, Cuaresma, Pentecostés, las fiestas dedicadas a la Virgen o incluso los sábados o los domingos.
Y, sobre todo, era de obligado cumplimiento el recato en público: cualquier manifestación sexual pública estaba prohibida y podía ser juzgada. Llegaron a ser delitos el incesto, la masturbación, el bestialismo, el adulterio y la homosexualidad (que podían conllevar la prisión: tres años para la pareja homosexual o incluso hasta quince para el practicante del bestialismo)
Como uno de los pecados sexuales más usuales durante el Medievo encontramos el de la prostitución, que, aunque técnicamente estaba prohibido, era permitido dentro de la sociedad, e incluso incentivado. Los burdeles proliferaban en las ciudades, casas de citas de todo tipo: grandes, pequeñas, de una única casa u ocupando una calle entera, con mujeres más guapas o menos, en ocasiones limpios e impecables y a veces no tanto, pero siempre ahí.
La única excusa históricamente documentada que puede justificar la vista gorda hecha por la Iglesia es el enorme lucro que producía: en el siglo XV, más de el 5% de los ingresos de los concejos procedía del arriendo de burdeles, que solían ser propiedad del municipio. Hay incluso testimonio de concurridos burdeles a nombre de la Iglesia, como en el caso del prostíbulo de Southwark, en Londres, a cargo del obispo de la ciudad, o el de Tarazona, en Aragón, alquilado por su obispado.
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En cuanto al conocimiento técnico del propio cuerpo humano, era escaso, debido en parte a que los avances médicos medievales eran prácticamente nulos, y mucho menos en el campo de la investigación. Cosas que hoy nos resultan tan obvias como la concepción o el parto, o incluso las funciones de los propios órganos reproductores, eran meramente supersticiones. La Iglesia no permitía la disección de cuerpos humanos, por lo que no tenían una base sólida donde apoyarse; las grandes universidades especializadas en Medicina se conformaban con diseccionar animales, preferiblemente cerdos o monos.
Una de las mayores incógnitas de la sexualidad masculina era el pene. Ya Aristóteles creía que, al igual que en el caso de los monos, que el pene del hombre constaba de un hueso y unos tendones y cartílagos que le permitíann contraerse o dilatarse. También Thomas de Cantimpé ideó una teoría que decía que el pene humano estaba formado por una cavidad casi hueca con un cartílago y un tendón que, en caso de que el hombre sintiese deseo carnal, se tornaban en hueso.
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En todos los tratados medievales sobre el tema (la mayoría derivados del “Libro sobre el coito” de Constantino El Africano. Como aclaración indicar que tales tratados sólo se centraban en problemas referentes al aparato reproductor masculino) se explican las funciones de los órganos sexuales, y digo explican porque que no se trataba de descripciones objetivas, sino de suposiciones de porqué Dios los había dotado así. Dichos tratados comentan (basándose en la teoría de los Humores tan extendida en el Medievo), por ejemplo, que el exceso de la actividad sexual debilita el organismo porque lo deja sin humedad (debido a la eyaculación), con lo cual es mas fácil contraer tuberculosis; además debilita los riñones, daña la vista, provoca caída de cabello y agrava la arthritis; el coito ha de practicarse en concepto de la constitucion de cada persona.
Por ejemplo, el acto sexual es terriblemente perjudicial para un hombre delgado, enfermo o bajo: en cambio, es imprescindible para los hombres carnosos: esto es debido a que las personas flacas tienen menos sangre y semen que las corpulentas.
Durante buena parte de la Edad Media se creyó que el esperma se creaba en el cerebro, que era un tipo de sangre mejor “digerida” y con la función especial de permitir la reproducción. Por tal razón, la Iglesia prohibió la masturbación, es decir, el derramamiento innecesario del preciado “líquido de la vida”. Fue Isidoro de Sevilla el que situó la creación del esperma en los riñones, que a su vez obtenían la materia prima de la médula espinal. Es ta ultima teoría fue utilizada hasta prácicamente el final del siglo XVI. Otra de las teorías es que la abundancia de semen era causante de multitud de enfermedades, no tan dañinas en las mujeres, porque, a fin de cuentas, según el pensamiento medieval, la menstruación ayudaba a la eliminación de todos los desechos del cuerpo.
Una de las necesidades medievales era la de tener un heredero varón, para lo cual sólo había que seguir una dieta con más o menos agua, ya que la “parte cálida del coito” la constituía el hombre, a partir de los alimento, y la “parte acuosa del coito” la mujer.
Se creyó, hasta hace poco tiempo que las alimañas, insectos… surgían sin más de la tierra, y que su única funcion era vivir a la merced de los hombres. En la Edad Media se incluía dentro de este grupo a las mujeres, con la excepción, claro está, de que ellas no nacían sin más de la tierra. La única función que tenían era procrear. Además, como todos los seres obtienen la fuerza de su esperma, ellas tenían un esperma más débil porque no podían ser más fuertes que los hombres.
Hubo que esperar muchos años aún para que a la mujer se le reconociese su papel fundamental en la procreación, para que se produjesen las primeras disecciones de cuerpos femeninos, lo cual puso de manifiesto la existencia, por ejemplo, de los óvulos y de los espermatozoides, y, sobre todo, para que el tema de la sexualidad dejase de ser un tema tabú.

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Fuentes empleadas:
♥ Historia Medieval del Sexo y el Erotismo, de Ana Martos.
♥ En busca del placer perdido, artículo de José Luis Corral para la revista Muy Interesante, número 21.

Esta bien Lady. Me gusta.
La cuarta imagen la calificaria com una de las primeras imagenes porno de la historia jaja. Aunque no se muy bien que se esta metiedno ya me lo explicaras.
Y Bueno yo debo de ser de esos que tienen poco “liquido de la vida” por que entre que soy muy delgado y tomo mucha agua. ;P. Resumiendo, me ha gustado mucho. ^^
P.D.- Si te sirve de consuelo yo el trabajo le hice el mismo viernes, el dia de la entrega.
Donde está Sibilia?
Saludos a ambos, y, como siempre, pues es todo un honor para mí recibir vuestros comentarios:
Apreciador – Vaya, me halaga que hayas vuelto a pasarte por aquí a leer y que hayas dejado sobre todo tu pequeña aportación ^^ Gracias.
Ah, la cuarta imagen. Pues no sé exactamente de dónde salió (hum, de alguna página de Internet que ahora mismo no recuerdo), pero sé que está extraída de un artículo acerca de las enfermedades de transmisión sexual en la Edad Media (vamos, al igual que en este artículo, la mentalidad de la época con respecto a ellas) Y no, no le está metiendo nada, simplemente es un hombre al que le están examinando las partes nobles, jaja.
Que hay que fijarse un poco más, hombre
Con respecto a lo de tu “líquido de la vida”, pues ya sabes lo que tienes que hacer, jaja. Abstenerte, o hacerte cura.
Aunque no sé qué pasará, porque como eres muy alto (con respecto a mí), pues igual los efectos se contrarrestan y todo… Jejeje.
Un abrazo; y hasta la próxima entrada.
Kalan – Lo siento en el alma, corazón (jaja, venganza, por llamarme enana), pero me decanté por publicar este artículo primero.
Espero que no te haya ofendido mucho.
Hasta la próxima; un abrazo enorme
Jeje… sólo a ti se te ocurriria hacer un trabajo de clase con ese tema…En mi clase nadie se habría atrevido, no por los profesores, sino por los alumnos…
Bueno pero está muy bien, y no te preocupes, que es como hay que hacerlo, los trabajos para el último día.
PD: Hace bastante que no paso por aquí, como hacía muco que no publicabas… luego se me pasó
Bss
en reaidad o es tan…… fome epro ya no magrada m carga!!!
estoychata de hacer este tipo de tareas mas encima tengo m juntarm .. con is nerffff compañeras para hacer este tipo de trabajo de neón ….! mm x favor ya! no masssss pero bueno garcias x ayudarme en mis trabajos de colegioya q nooooo nadie lo hace…..
bss
Interesante propuesta, Señora y Custodia de las Armas del Temple.
A juzgar por la dualidad entre amor cortés y guarrerías españolas (del todo pecaminosas) en el Medievo, hay que reconocer que la sociedad era más tolerante de lo que oficialmente estaba dispuesta a reconocer la Iglesia.
En esos días de antaño me gustaría ver si realmente el amor romántico era tal y como se relataba en las historias de caballería (tipo Amadís de Gaula), aunque yo creo que no. Por ejemplo, en la nobleza japonesa del siglo X y XI existia el famoso cortejo de la dama, al igual que en Europa: si nos atenemos a los textos, todo es sutileza, el romance es puro y el encuentro amoroso feliz. Pero en realidad, segun tengo estudiado, los nobles violaban a las damas metiendose en sus alcobas y bebiendo hasta que les crujia la junta de las canaletas.
Gracias por otra nueva demostración de erudición.
Un saludo, Templaria!
Pues, que quieres que te diga, simplemente interesante, sin mas, ahora que lo pienso, yo a ti, enseñarte, poco te puedo enseñar. Y sí, me gustaria vivir en la edad media, por mucha oscuridad y tal, pero es que eso del poder de la iglesia… uuuh, me encantaria estar ahi, entre tanta piedra.
Yo?, simplemente seria un monje, creer en dios?, para qué, simplemente seria feliz en una iglesia.
Bueno, nada mas, simplemente, genial.
Y que cada dia te estoy odiando un poco mas xD
Haces unos trabajos interesantes, algunas cosas me han sorprendido, como que creyesen que se creaba en el cerebro y que era un tipo de sangre.
En fin, por algo juzgó Nietzsche la moral cristiana como una moral contra la vida por ir en contra de las tendencias naturales del hombre, y viciada desde el origen. (hm demasiados exámenes… xD)
un saludo y un fuerte abrazo
Oh, saludos a todos antes que nada y bienvenidos de nuevo (o por primera vez):
Sayu – ¡Ay, cuánto tiempo sin saber nada de ti! Que por vernos ya no nos vemos ni por el MSN, ¿eh? Jajaja.
Echo de menos tu arte. O los ceniceros con trenes, jajaja.
No te preocupes por no haberte pasado por aquí, ahora que estamos a final de curso nos tienen más secuestrados que nunca, y esta semana (el jueves) empiezo ya con los exámenes finales, por lo que apenas podré actualizar nada y de milagro puedo responder a veces…
En cuanto a lo del tema del trabajo, es una simple apuesta de clase, a ver si me saco unos eurillos, jeje. Ya verás cuando me toque exponerlo, ya verás. Ay, que en mi clase son todos unos malpensados
Un abrazo enorme, como siempre.
Y hasta la próxima vez, que espero que sea pronto; porque creo recordar que hace como tres meses que no publicas nada, eh. Vaga.
Nona – Me siento halagada al saber que mi artículo ha servido de ayuda, aunque sea mínima.
Y ánimo con los trabajos, que al final el mal trago siempre pasa. Gracias por el comentario, de todos modos.
Un saludo; y bienvenida al Templo.
Reaper Shadow, Señor del Imperio del Sol Naciente e Hijo del Odio – Como cada vez, una vez más, se me encienden las mejillas con comentarios de tal carácter ^^
Evidentemente, la gente, en su casa, en su cama (o en su suelo, mejor dicho) hacía lo que le venía en gana. No es plan de tener a un Inquisidor en cada casa para ver que hace el pueblo por las noches, creo yo. Demasiado molesto. Porque vamos, soy yo campesina en la Edad Media y te digo yo que por mi santo nombre que duermo con mi marido hasta el Domingo de Resurrección, vamos, que para un placer sano que había por aquella época… Jajaja. Creo que lo que más me sorprende de la Historia son las diversas y dispares mentalidades de las distintas épocas.
Y en cuanto a los textos, pues yo apuesto más porque serían una especie de novela rosa y/ o erótica actual. Ahora mismo los poemas de amor cortés serían imprimidos en ediciones baratas y vendidos en el Carrefour de mi pueblo (que no es mucho renombre. Bueno, en mi pueblo, sí
)
En lo de las violaciones estoy de acuerdo… pero yo creo que eso ha pasado siempre, desde la Antigüedad, y más en épocas revueltas.
Un abrazo; Templer Hochmeister.
Loen – Vaya, vaya, el Señor de las Llamas, que pasa por aquí. Gracias por comentar, antes que nada, y por leer mis impresionantes artículos kilométricos, jaja. (Ya te me quejabas de que era demasiado largo; todavía me acuerdo, eh)
¿A mí, odiándome? ¿A una pobre templaria devota? Que sepas que eso que haces es pecado, jajaja. Sabes que yo te odiaré siempre. Me gustan demasiado tus textos.
Y sí, me encantaría estar en la Edad Media. Al menos por unos días. Y, si lo piensas bien, lo más rentable sería vivir en un monasterio: era de las vidas más dignas.
Supongo que yo trataría de ser la heroína de turno. Sí, como Juana de Arco.
Gracias de nuevo, y hasta la próxima vez; Loen, Hijo del Fuego, Padre de Dragones y Señor de las Tormentas.
Tienes que leer Canción de Hielo y Fuego. La rama Targaryen te gustará. Sangre y Fuego. Y una pizca de locura infernal.
Como tú.
Ker – Saludos de nuevo, y gracias por dedicarle unos minutillos a mi blog (aunque es un artículo denso, jajaja)
Siempre encantada de sorprender a la gente con mis artículos. Me gusta la curiosa mentalidad medieval. Hay ideas que de verdad que son para reírse y no parar.
Como la de que el pene se tornaba en hueso. Madre, qué dolor… :-S
Espero leerte pronto, al menos cuando terminen los exámenes. Un abrazo igualmente fuerte.
[...] Por aquí resuenan las palabras de aquel profe universitario de literatura que afirmaba que el amor en la edad media no existía como tal.. que debió de reanudarse más tarde.. quién [...]