Día 1
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Vengo de un planeta arrasado. Calipso IV, integrante de una de las galaxias anónimas más alejadas de Terra, el hogar del Dios-Emperador y centro neurálgico de Universo Imperial, el planeta más puro de la Galaxia. No demasiado lejos del Ojo del Terror, el insondable portal al reino del Caos, uno de los vórtices más temibles y peligrosos del Universo. Una galaxia sumergida en los vientos de la Disformidad, sujeto a las reglas sádicas y a los antojos de los Dioses Oscuros, a menudo invadida por hordas de abominaciones y engendros de Tzeentch, el Transformador, el dueño de los vientos de la magia destructiva. Asolada, aislada y mil veces purgada.
No tengo familia, no tengo una historia propia, que me pertenezca sólo a mí. Comparto el reinado de mi existencia con el miedo, y con el fervoroso sentimiento del odio visceral. Rencor que se traduce en fuego en mis entrañas, y dolor que hierve en mis venas mil veces quemadas por el mismo sentimiento.
Sobrevivir. Eso es lo que llevo haciendo más de diez años en Terra, lejos de mi hogar natal. Hogar. No lo tengo, tampoco lo tuve nunca. Una casa hereje no puede llamarse hogar. La purga de la herejía es el deber de todo ciudadano imperial.
Sobrevivimos pocos, tan sólo unos cuantos niños, y después de que hubiésemos probado duramente, con sangre y dolor, que no estábamos contaminados por la plaga. Qué cruel es el ser humano. Y fuimos enviados como adeptos a la Inquisición, sometidos a la voluntad de los Puros, y instruidos en el arte de la purga.
Me llamaron Nihila. Nihila, Hija del Vacío, en gótico arcano. Hija de la Herejía. A cada uno nos daban un nombre. Era aleatorio, pero todos tenían significados despectivos que nos recordaban perpetuamente nuestro origen despreciable.
Ahora soy arbitradora. Supongo que me obligaron a ejercer dicho trabajo por mi constitución física, alta, fuerte y vigorosa. Jueza en peleas callejeras, dictadora de sentencias en juicios públicos. Soy quien lleva las almas al matadero. Soy quien purga la herejía en las calles. Porque ellos también tienen derecho a la salvación.
Me dejaron teñirme el pelo, cuando llegué a una cierta edad. Me lo teñí de blanco, como la mayoría de los Inquisidores, para no desentonar más entre ellos. Como recuerdo de mi infeliz niñez tan sólo me quedó un pequeño aro de plata en una de las aletas de la nariz, y unos labios perpetuamente atravesados por una franja negra.
El Imperio me enseñó a amar al Dios-Emperador, a venerar su símbolo, su religión y sus siempre sabias y adecuadas decisiones. Me enseñó a despreciar a todos aquellos seres que no fuesen de la raza humana, pues eran impuros e indignos de la justicia del Emperador.
A veces nos asignan misiones. Suelen ser de carácter local, pero no todos son afortunados. Algunos no regresan.
Me han reasignado a una nueva escuadra, voluntarios. Voluntarios; se hace una selección arbitraria y son obligados a dar su vida por la Inquisición y la causa, sin apenas recibir nada a cambio. No valemos nada, hay miles de millones de personas como nosotros dentro de los dominios imperiales.
Formamos un grupo dispare. Somos cuatro, contándome a mí misma.
El primero de ellos es muy alto, quizá mida algo más de dos metros, y es muy delgado. Tiene el cabello claro, casi blanco, y la piel traslúcida característica de la gente nacida en el vacío. Otro hijo de la nada, de ojos verdes y separados, mirada perdida y algo febril, y aparentemente poco interés en todo aquello que le rodea: simplemente le gusta mirar su arsenal de armas. El soldado, Guardia Imperial.
Otro es inquieto, delgado, de poca estatura, ligeramente cargado de espaldas, de cabellos rojos y piel negra. Una extraña combinación. Tiene los ojos almendrados, de color marrón, inquietos y vivaces, que no cesan de moverse en todas direcciones. Parece desconfiado, ni siquiera osa posar sus ojos sobre mi figura.
El último está muy apartado del grupo, huele mal y parece saberlo, aunque su apariencia hostil y salvaje no me hace sonreír precisamente. Es muy moreno, al menos hasta que me fijo en que su piel aparece cubierta por una costra de suciedad y podredumbre de al menos dos centímetros de grosor. Parece no haberse cortado las uñas en años, y sus ojos amarillos, fieros, como los de un gato, lanzan de vez en cuando miradas de desprecio cargadas de odio a todo aquel que logre interponerse en su campo de visión.
Ahora, tras la visita del Inquisidor General, comienza la purga.
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Buena historia para el personaje. Vaya descripciones de los compañeros (jiji aquel “moreno”) muy detalladas.
Me encanta el nombre de la chica,Nihila, suena bien.
Sayu, Dios Mío, cuánto tiempo ya sin leernos ni saber nada la una de la otra ^^ Gracias por pasarte y comentar, como siempre…
Hum, el moreno. Bueno, digamos que es un personaje bien extraño, procede de un mundo salvaje en el que tienen como tradiciones milenarias chorradas del estilo, como no lavarse :-S Lo peor de todo es que ahora le hemos bañado (era imprescindible para la misión) y está muy, pero que muy, cabreado… Jajajaja.
Nos leemos, y encantada que de te guste. Es un honor.
Hola Lady
Aqui me tienes leyendo el relato. No es que sea precisamente mi tipo de relato favoito, pero me gusta tu forma de escribir. Por cierto, dibujas bien. Yo no alcanzo a comprender lo facil que os resulta dibujar tan bien, es algo que yo nunca he podido hacer. Solo se hacer caras simples que no parecen humanas
Por cierto, te he enviado un mensaje. No se si lo has recibido, ya que mi correo es una porquería y no funciona bien.
Tu relato es extraño, mezcla a la inquisición con una especie de control global exagerado, algo como lo que yo suelo escribir. No me gusta mucho la cantidad de puntos negros, clásicos en TODOS los del gremio, pero me parece sugerente.
Espero pronto la siguiente parte
Acabo de ver que has publicado lo mismo en el blog.
Siento decirte que no encaja mucho con el mundo ideado por the blind y yo que tu le pediría antes permiso.
A mi ya me dijo algo solo por crear un personaje que no dejaba claro de que época era.
Bueno, pues bienvenido, como siempre hasta ahora.
Antes que nada, pues gracias por la lectura y por el comentario, así como por la opinión. Me alegra saber que te tengo como lector ^^
Jajaja… ¿dibujar bien? Llevo desde que nací con el lápiz en la mano, son muchos años de práctica ya. Si no es nada, es tan sólo ponerse a ello y empezar con cosas sencillas. Hace sólo un par de años que he comenzado a dibujar personas en un faceta más realista (o al menos eso es lo que intento >.<u) Me alegro de que te gusten los dibujos.
En cuanto al mensaje, pues no, a mí no me ha llegado nada, así que si fueses tan amable y me lo enviases otra vez… pues te lo agradecería.
El relato va a ser una pequeña saga, por lo menos hasta que se acabe la diversión y muera. No sé si alguna vez habrás oído hablar del juego de estrategia Warhammer. Pues este relato es la historia de nuestra propia partida de rol, desde el punto de vista de mi personaje en el juego. Hay una facción de Warhammer, llamada 40.000 (40K), que está ambientada en un mundo futurista (entre el 21º y el 51º milenio, aproximadamente) dominado casi totalmente por el Imperio (al cual pertenece la Inquisición, que es uno de los órganos armados más poderosos del mismo) Hay un Emperador que es soberano de miles de galaxias, de todo el Universo, en verdad. Aunque a él se oponen muchos tipos y razas de "herejes", como el Caos, los orcos, los tau, los eldar… etc.
No tardaré en publicar la siguiente parte, como son sesiones cortas y seguidas, mañana estará lista la siguiente parte. Un saludo
Mira que no reconocez las increibles habilidades del master, que hasta perdona vidas, porcierto, haber si corriges lo del abrigo.
Ah… el máster, que es un poco cabrón. ¿Qué he de corregir del abrigo? El blindaje es correcto, y en la descripción no lo pongo porque no me gusta ^^
Jo, hacia mucho que no me pasaba por aqui y mira!Sorpresa ! Esta muy bien las historia, promete. Espero con ansia la siguiente entrega. Las descripciones me encantan, muy bien echas.
Saludos, Apreciador, y bienvenido de nuevo, como siempre.
Gracias por el comentario y por los ánimos, y sólo decirte que me alegro de que te haya gustado.
Y, para contrarrestar la acción de esta entrega, he decidido transcribir una conversación de Star Wars (es otra partida), entre el máster en su papel de Lord Sith, y mi personaje, la soldado Seiren. Un abrazo