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Parte II
De la dinastía Romanov
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(La familia de Nicolás II, último zar de Rusia)
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La dinastía Romanov, que ostentó el poder supremo sobre los territorios rusos hasta la Revolución de Febrero de 1917, ascendió al trono en el año 1613, con la coronación de primer Romanov, Miguel I.
La familia comenzó a ganar influencia tras la muerte de Iván IV El Terrible, fallecido ese mismo año, tras lo cual una asamblea de nobles eligió como sucesor al sobrino nieto de éste, con el cual se inició la dinastía.
Hubo sucesivos conflictos tras la muerte de alguno de los sucesores de Miguel I, de manera que la dinastía Romanov quedó durante algunos períodos relegada a un segundo plano. Como es el caso, por ejemplo, de la época de reinado de Pedro I El Grande, uno de los zares más relevantes de la historia de Rusia.
Pedro I accedió al trono en el año 1584, tras imponerse sobre los demás candidatos (sus hermanastros, nietos de Miguel I) Su reinado se caracteriza por el expansión territorial y la modernización de Rusia y la fundación de San Petersburgo. Cambió, además, la ley de sucesión, mediante la cual, a partir de ese momento, todo monarca sería libre de elegir a su sucesor. Fue el primero en adoptar el título de Zar de todas las Rusias”. Al morir el zar sin haber elegido sucesor, fue ascendida al trono su esposa, Catalina I, en 1725.
Con la muerte de Catalina I, la soberanía vuelve a pasar a manos de los Romanov, con su nieto Pedro II y su sobrina Ana Ivanovna.
El último Romanov en el trono de Rusia fue el zar Nicolás II, un hombre que no reunía las cualidades idóneas para regir el reino, debido a su débil personalidad, sobre todo. No estaba preparado para gobernar un tan amplio estado, lleno de cambios tras la muerte de su padre.
Nicolás contrajo matrimonio con la princesa Von Hesse (convertida en la zarina Alejandra), nieta de la reina Victoria de Inglaterra, con quien tuvo cinco hijos: las Grandes Duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia y el Zarevich (literalmente, Hijo del Zar, título que se le aplicaba únicamente al primogénito varón) Alexis.
A pesar de todo, el reinado de Nicolás II no comenzó todo lo bien como se había esperado. La llegada oficial de la futura zarina tuvo lugar durante el funeral de Alejandro III (padre de Nicolás), lo cual dio lugar a múltiples comentarios entre la población (“Ella llega detrás de un ataúd, ella traerá mala suerte”)
Aún así, el gobierno comenzó bastante bien, aunque poco a poco fue degenerando. Nueve años después de la ascensión al trono de Nicolás II, en enero de 1905, tuvo lugar la sangrienta matanza conocida como Domingo Rojo o Domingo Sangriento, momento en el cual los soldados imperiales masacraron por completo a una multitud de obreros (la cifra asciende a unos ciento veinte mil) en huelga por sus malas condiciones de trabajo, frente al Palacio de Invierno.

Para intentar apaciguar al pueblo, el zar introdujo una constitución y creó un parlamento, la Duma, donde se verían representados los ciudadanos, pero fue una medida bastante pobre y que además llegó con retraso. Los rusos, no contentos con esta nueva medida, continuaron con disturbios y protestas. Durante el estallido de la Primer Guerra Mundial, la situación se agravó más. Al principio se consideraba un honor que el soldado ruso combatiese contra Alemania, pero paulatinamente las opiniones fueron cambiado a medida que el número de bajas aumentaban de manera desmesurada.
Con la llegada del invierno del año 1917, los bolcheviques tenían bajo su control Moscú y San Petersburgo, habiéndose alzado entre los demás grupos revolucionarios; pronto establecieron un gobierno. En un inicio se plantearon exiliar a la familia real rusa a Inglaterra, pero finalmente estos fueron recluidos en el sótano de la casa Ipatiev. El zar Nicolás abdicó en marzo de ese mismo año, tras la Revolución de Febrero.
La mañana del 17 de julio de 1918, los soviets que los mantenían cautivos, temerosos de que el ejército blanco (fiel al zar y a su familia) tratase de liberarlos, fueron brutalmente asesinados el zar, la zarina, y sus cinco descendientes, junto con cuatro criados de la familia, sin piedad alguna, y posiblemente bajo la orden de mutilar y esconder los cadáveres a fin de que no fuesen reconocidos, como confirmaron las marcas y quemaduras en los huesos hallados en una fosa en Yekaterimburgo, en 1991, y que correspondían al zar y a la zarina, a tres de sus hijas y a los cuatro sirvientes.
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(Anastasia Romanov, de quien se especuló que habría podido escapar a la matanza)
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Se especuló con la idea de que Anastasia, la hija mejor, y el zarevich Alexis hubiesen sobrevivido, pero unos años más tarde, en julio de 2007, se excavó una nueva fosa, situada a unos escasos setenta metros de la primera, donde se exhumaron dos cadáveres: los de los hijos menores de la familia Romanov.
Cayó esa noche una de las más longevas dinastías del poder ruso.
“Ningún miembro de la familiar sobrevivió a la ejecución en la madrugada del 17 de julio de 1918.”


Señora del Templo:
hace tiempo que no paso por aqui, pero ahora me pasare bastante por aqui, un abrazo!