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Halls of the Forgotten:

Ya estoy aquí de nuevo. He tardado en volver, pero he necesitado muchas fuerzas para hacerlo.

Sentada ante el ordenador, una mañana de domingo, con la página del blog abierto y tecleando cual psicópata mientras las ideas se agolpan en mi mente y yo no sé cómo ordenarlas. Pues es que he decidido volver, miren ustedes. Pero con otra dirección diferente.

Sacrae Domus pasó a la historia, definitivamente. Estuvo bien mientras duró, lo pasé tremendamente bien y disfruté muchísimo escribiendo. Pero ya no tengo ánimos para escribir artículos de más de cincuenta líneas sobre un tema histórico. Así que aquí queda, en la red, cerrado, pero como una pequeña ayuda a estudio, o simplemente como método de saciar curiosidades y mentes voraces. No voy a dejar de leer los comentarios que podáis dejarme🙂

Espero que podamos seguir en contacto a través de la nueva página.

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Blog closed:

Hacía quizá demasiado tiempo que no tocaba el blog. Hoy, aprovechando un breve rato libre, me he dedicado a hacer unos cuantos arreglos en la barra lateral del mismo (véase enlaces, el calendario y el archivo de la página) También decir que he decidido tomarme un año sábatico. Comienzo primer curso de Bachillerato, soy consciente de que va a ser un año duro, que voy a tener que estudiar y pasaré la mayor parte del tiempo ocupada.

Mi fanatismo por la armonía es lo que ha llevado, además, a esta decisión de un año sin publicar. El calendario y la lista de archivos del blog quedaría descompensado (para entendernos, si no hubiese decidido tomarme un período de doce meses, habría ahí un parón de cuatro o cinco, que rompe con el encanto visual) También me ha llevado a volver a editar la fecha de este post. No quiero irregularidades, llevará la fecha del mes de abril.

Volveré con fuerzas renovadas en Abril de 2011. Hasta entonces, me gustaría que este blog fuese una fuente de conocimientos, que siguiese activo a pesar de que no haya nuevas publicaciones. Que mis viejos posts puedan ser útiles en cierto modo.

Esto no es una despedida. Es un hasta luego. Feliz año a todos.

Cine zombi:

Criaturas de pesadilla tales como los zombis llevan invadiendo (y arrasando) el mundo sucesivas veces, tanto en la gran pantalla como en series de televisión, desde que en 1985 se estrenase la exitosa “Day of the Dead”, del director americano George A. Romero (por otra parte, uno de los más prolíferos y conocidos creadores de películas de terror que incluyen muertos vivientes)

Las invasiones zombis son una de las mayores odiseas cinematográficas. Hemos visto tantas películas, tantas sagas y tantos tipos de zombis (no confundir con los infectados de “28 días después”) y situaciones comprometidas de supervivientes al holocausto que por cada nuevo estreno de esta misma temática nuestra mente perversa y visceral se ve un poco más saturada. Pero dicen que la curiosidad mató al gato, y no hay ser más ávido de sorpresas y nuevas y maquiavélicas historias que el hombre. Lo cual podemos traducir en que un aficionado al cine zombi siempre verá un nuevo estreno, por manida que esté la idea de una invasión de muertos vivientes.

El cine zombi tuvo su origen en la década de los 30, como reflejo directo de la tradición haitiana, que asociaba este tipo de criaturas a la magia negra y al vudú. Fue un tema tan amplio y tan novedoso que dos años después se estrenó la que hoy se ha convertido en la primera película de zombis de la historia, “White Zombie”, del guionista Garnett Weston, basando su argumento en una obra de teatro escrita por Kenneth Webb, estrenada en 1932.

La idea inicial de estas películas era la dominación de la raza humana por parte de un único individuo, al frente de una horda de zombis completamente a su servicio, a los cuales utilizaba como instrumento para alcanzar su propia meta y beneficio. Este tema se repitió sucesivamente, con variantes en cuanto al tipo de villano al frente de los muertos vivientes, en las siguientes grabaciones. Ejemplos de este cine zombi tradicional son: “The Walking Dead”, de Michael Curtiz o “I Walked With A Zombie”, de Jacques Tourneur, estrenadas en 1936 y 1943, respectivamente.

Pero la mente humana evoluciona y los muertos vivientes también, aunque no fue hasta el estreno de “Day of the Dead” cuando por fin vio la luz la nueva generación de zombis nacidos de la delirante perversidad humana. George A. Romero introducía en la gran pantalla un nuevo género de no muertos: los zombis son una plaga de muertos que se levantan de sus tumbas con el único objetivo de aniquilar la raza humana y alimentarse de su carne. La causa de la infección puede variar de una película a otra, aunque no es lo esencial de la historia. No es importante su velocidad, ni su nivel de inteligencia (ya que sólo conservan sus instintos más básicos, tales como el de supervivencia o la necesidad de alimento), lo único que cuenta es su aparición masiva y su voracidad. Nadie lidera ni puede controlar a esta horda invasora, sólo queda matar y sobrevivir.

La idea fue acogida con gran calidez entre los demás cineastas, y la producción de cine zombi aumentó en los años siguientes. George A. Romero es considerado uno de los maestros del género, contando en su historial con títulos como “El amanecer de los muertos”, “La tierra de los muertos vivientes” o “Diary of the Dead”, una de sus películas más recientes.

A medida que pasaban los años, la historia, el origen del apocalipsis fue haciéndose un hueco cada vez más grande dentro de los filmes de cine zombi. Las teorías se multiplicaron, las enfermedades y virus cada vez eran más variados y a cada cual más estrambótico, los motivos comenzaron a ser el centro en torno al cual giraba todo el argumento. Incluso la salvación se incluyó dentro de la historia (como es el caso de “Soy Leyenda” o la exitosa saga “Resident Evil”, basada en una serie de videojuegos del mismo nombre)

Aquí es cuando entran en escena los infectados de “28 Days Later”, una película que en 2002 resucitó el género. Los muertos ya no se levantan de sus tumbas para infestar la humanidad como una plaga sanguinaria y asesina, sino que los vivos, humanos normales y corrientes, se ven atacados e infectados por la mutación de algún virus que extrañamente los vuelve agresivos y con las mismas características que los zombis. Los infectados conservan las mismas habilidades que poseían estando vivos (lo cual, por poner un ejemplo, les permite correr a la misma velocidad que un ser humano) y sus facultades mentales no son tan bastas como las de los muertos vivientes, sino que se han visto deformadas hasta una violencia y necesidad de sangre exacerbadas. En el caso “28 días después” se trata de una mutación de la rabia.

Los zombis han sido maltratados por los seres humanos tantas veces que han llegado a ser ridiculizados en títulos como “Shaun Of The Dead” (“Zombis Party”, título de la traducción española) o “Braindead”, una de las películas más sangrientas de la historia, rodada a inicios de los 90 y dirigida por Peter Jackson, que fue traducida como “Tu madre se ha comido a mi perro”.

En definitiva, sea cual sea el motivo de la infección, las habilidades de los zombis o el nivel de agresividad y velocidad de los infectados, el guión y el argumento seguirán evolucionando, así como las criaturas, para engendrar nuevos capítulos en esta larga historia plagada de sangre, zombis comecerebros y armas de fuego.

Y nosotros continuaremos yendo al estreno.

En colaboración con David Pereda.

Hoy en día escuchamos el testimonio de numerosas personas que dicen ser videntes o profetas y que según ellos, son capaces de adivinar el futuro.

Posiblemente uno de los profetas más relevantes de la historia ha sido Nostradamus, quien según los numerosos testimonios que han llegado hasta nuestra época, fue capaz de adivinar la muerte del rey de Francia (por aquel entonces Enrique II), la toma de la Bastilla o el ascenso al poder de Hitler y Mussolini. Pero sus profecías no son famosas únicamente por este hecho, ya que según se dice, fue capaz de presagiar los acontecimientos que ocurrirían hasta el año 3797.

Pero antes de eso, conviene situar al profeta Nostradamus en el tiempo. Su nombre real era Michel de Nôtre-Dame (el apellido en lengua occitana sería “Nostradama”). Nació el 14 de Diciembre de 1503, en una región meridional francesa. Antes de su nacimiento, una curandera dijo que si nacía con la campanada que marcaba las doce del mediodía, como realmente ocurrió, sería uno de los grandes “Maestros del Mundo”.

La familia de Nostradamus profesaba el judaísmo, aunque por orden de la Inquisición de la Provenza, se vieron obligados a convertirse al catolicismo. Cabe destacar que de niño, Nostradamus ya estaba interesado por el mundo de la astrología y siempre se mostró a favor del modelo heliocéntrico de Copérnico, que era criticado por la mayoría de los científicos. Se dice que sus dos abuelos le influyeron notablemente para adentrarse en el mundo de la profecía y del saber. Nostradamus a los 15 años ya conocía el hebreo, el griego y el italiano, además de tener sus conocimientos sobre literatura, historia, alquimia o botánica.

Tuvo que dejar sus estudios sobre Medicina debido a la epidemia de peste bubónica que asoló a la población durante el siglo XVI. Durante esta etapa, Nostradamus se dedicó a viajar por Francia donde entabló amistad con famosos alquimistas e incluso llegó a inventar la “píldora rosa”, capaz de calmar los efectos de la peste. En 1530 iba a recibir el doctorado en la Universidad de Montpellier, aunque fue rechazado cuando se descubrieron sus trabajos como boticario, algo totalmente prohibido. Sin embargo, Nostradamus siguió ejerciendo la ciencia farmacéutica y ayudó a los enfermos de peste. Por otro lado, siguió investigando en aquellos campos que eran considerados heréticos, ya que eran perseguidos por la Inquisición.

Fue sobre el año 1534 cuando Nostradamus se casó y llegó a tener dos hijos, aunque se dice que tanto su esposa como sus hijos murieron por la epidemia de peste.

Tras morir su mujer, en el año 1547 Nostradamus contrajo su segundo matrimonio con una viuda. Fue en esta etapa donde poco a poco fue dejando de lado sus investigaciones sobre la alquimia y la medicina y empezó a adentrarse en el mundo del ocultismo. Durante estos años, publicaba diversos escritos sobre profecías, firmado con la versión de su nombre en lengua latina “Nostradamus”, por los que obtuvo gran éxito.

A partir de esta fecha, gentes de todas las regiones de Europa trataron de contactar con el profeta para que les adivinara el futuro. Nostradamus se decidió entonces a publicar sus famosas Centurias, donde recopilaba sus más famosas profecías. Sin embargo, sabía que con esas acciones sería perseguido por la Inquisición, por lo que decidió utilizar sus conocimientos sobre diversas lenguas y publicar las profecías alternando diversos idiomas.

Cabe destacar que incluso la esposa del rey de Francia, Catalina de Médicis fue una de las admiradoras de Nostradamus y le invitaba asiduamente a la Corte francesa.

Fue 1566 el último año de vida de Nostradamus. El 1 de Julio, tan sólo un día antes de la muerte del profeta, se dice que Nostradamus vaticinó que al día siguiente sería encontrado muerto por la mañana, como así ocurrió. Por otro lado, también es conocido que cuando los guerrilleros de la Revolución Francesa asaltaron su tumba, se encontraron una medalla que contenía la fecha exacta de la profanación.

Como ya ha sido mencionado con anterioridad, el libro por el cual los textos del profeta han llegado hasta nuestros días es el de las Centurias (“Prophécies”, como título original), que compilan la mayor parte de sus escritos. Fue publicado por primera vez en el año 1555, y esta edición contenía siete centurias. En las posteriores reediciones fueron añadiéndose nuevas predicciones.

Las Centurias están escritas en verso, empleando un léxico oscuro y artificioso, con contenidos enigmáticos que no están al alcance de comprensión de cualquiera (la teoría más aceptada afirma que una de las razones era la de evitar la censura y persecución de la Inquisición)

La mayor parte de los temas versan acerca de desastres de diversos tipos, tales como terremotos, desgracias, guerras, asesinatos… Algunas de ellas son genéricas: esto es, no se precisa en ellas ni lugar ni fecha, sino que se limita a la narración de los hechos concretos; otras se centran en un único personaje o en un grupo de personas, pero todas las profecías tienen cierto carácter amargo y pesimista.

Los escépticos de la época (al igual que los de la actualidad), niegan el don de la profecía que supuestamente poseía Nostradamus, alegando que los hechos previstos en sus textos eran fácilmente calculables, debido a la amplitud de interpretaciones que dejan los versos de las Centurias: es el caso del futuro de Francia, en el que aparecen guerras, conflictos y demás desgracias. Quizá inluya el hecho de que uno de los hijos del profeta fuese descubierto intentando prender fuego a un pueblo del que había precedido padecería entre las llamas.

Otros estudiosos creen que Nostradamus no era un profeta ni escribía como tal, sino que simplemente se dedicaba a comentar eventos propios de su tiempo, aunque usando un lenguaje críptico y muy metafórico para evitar persecuciones, que en posteriores ediciones y tras múltiples traducciones llegaron a ser interpretadas como profecías. Esto se asemeja a la interpretación del Apocalipsis de San Juan.

Aún así, es casi increíble la exactitud de algunos de los versos compilados en las Centurias. Las profecías más llamativas son las siguientes: la de Napoleón, la de Adolf Hitler y la de la Guerra de la Independencia que tuvo como culmen el nacimiento de los Estados Unidos:

Un emperador nacerá cerca de Italia,


Que será vendido muy caro al imperio,


Dirán con qué gente se alía,


Que les parecerá menos príncipe que carnicero.

(Centuria I, 60)

Efectivamente, Napoleón nació cerca de Italia, cuando la isla de Córcega fue anexionada a Francia, y es bien conocido que fue proclamado Emperador. Las batallas libradas por el general fueron las más cruentas existentes, y de ahí el apodo de carnicero.

De lo más profundo del Occidente de Europa,


De gente pobre un joven niño nacerá,


Que por su lengua seducirá a las masas,


Su fama al reino de Oriente más crecerá.

(Cuarteta III, 35)

Hitler fue hijo de una familia pobre, nacido en Austria. Sus palabras atrajeron y movieron a las masas, poniéndolas casi a su servicio. Su plan más ambicioso era la conquista de Europa, pero también la de Asia.

La hermana de las islas Británicas 


Quince años antes que su hermano nacerá 


Por su promesa demuestra ser cierta, 


Sucederá al reino de la balanza

(Centuria IV, 96)

Los Estados Unidos, colonias británicas, se independizaron de su metrópoli en 1776, exactamente quince años antes que la república francesa. En estos versos, la promesa mentada es la hecha por Francia a los independentistas americanos, a quienes prometieron ayuda, que los franceses no dudaron en cumplir. La sucesión del reino de la balanza hace referencia a la toma del poder mundial por Estados Unidos, en sucesión al Imperio Británico.

Aún así, las Centurias no son el único legado de Michel de Nostradamus, sino que su historial cuenta con otras tantas obras: “Tratado de maquillajes”, “Remedio muy útil contra la peste y contra todas las fiebres pestilenciales” o el “Tratado de recetas singulares para mantener la salud del cuerpo”.

El zarismo (Parte II):

Parte II

De la dinastía Romanov

(La familia de Nicolás II, último zar de Rusia)

La dinastía Romanov, que ostentó el poder supremo sobre los territorios rusos hasta la Revolución de Febrero de 1917, ascendió al trono en el año 1613, con la coronación de primer Romanov, Miguel I.

La familia comenzó a ganar influencia tras la muerte de Iván IV El Terrible, fallecido ese mismo año, tras lo cual una asamblea de nobles eligió como sucesor al sobrino nieto de éste, con el cual se inició la dinastía.

Hubo sucesivos conflictos tras la muerte de alguno de los sucesores de Miguel I, de manera que la dinastía Romanov quedó durante algunos períodos relegada a un segundo plano. Como es el caso, por ejemplo, de la época de reinado de Pedro I El Grande, uno de los zares más relevantes de la historia de Rusia. 

Pedro I accedió al trono en el año 1584, tras imponerse sobre los demás candidatos (sus hermanastros, nietos de Miguel I) Su reinado se caracteriza por el expansión territorial y la modernización de Rusia y la fundación de San Petersburgo. Cambió, además, la ley de sucesión, mediante la cual, a partir de ese momento, todo monarca sería libre de elegir a su sucesor. Fue el primero en adoptar el título de Zar de todas las Rusias”. Al morir el zar sin haber elegido sucesor, fue ascendida al trono su esposa, Catalina I, en 1725.

Con la muerte de Catalina I, la soberanía vuelve a pasar a manos de los Romanov, con su nieto Pedro II y su sobrina Ana Ivanovna. 

El último Romanov en el trono de Rusia fue el zar Nicolás II, un hombre que no reunía las cualidades idóneas para regir el reino, debido a su débil personalidad, sobre todo. No estaba preparado para gobernar un tan amplio estado, lleno de cambios tras la muerte de su padre.

Nicolás contrajo matrimonio con la princesa Von Hesse (convertida en la zarina Alejandra), nieta de la reina Victoria de Inglaterra, con quien tuvo cinco hijos: las Grandes Duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia y el Zarevich (literalmente, Hijo del Zar, título que se le aplicaba únicamente al primogénito varón) Alexis.

A pesar de todo, el reinado de Nicolás II no comenzó todo lo bien como se había esperado. La llegada oficial de la futura zarina tuvo lugar durante el funeral de Alejandro III (padre de Nicolás), lo cual dio lugar a múltiples comentarios entre la población (“Ella llega detrás de un ataúd, ella traerá mala suerte”) 

Aún así, el gobierno comenzó bastante bien, aunque poco a poco fue degenerando. Nueve años después de la ascensión al trono de Nicolás II, en enero de 1905, tuvo lugar la sangrienta matanza conocida como Domingo Rojo o Domingo Sangriento, momento en el cual los soldados imperiales masacraron por completo a una multitud de obreros (la cifra asciende a unos ciento veinte mil) en huelga por sus malas condiciones de trabajo, frente al Palacio de Invierno.

Para intentar apaciguar al pueblo, el zar introdujo una constitución y creó un parlamento, la Duma, donde se verían representados los ciudadanos, pero fue una medida bastante pobre y que además llegó con retraso. Los rusos, no contentos con esta nueva medida, continuaron con disturbios y protestas. Durante el estallido de la Primer Guerra Mundial, la situación se agravó más. Al principio se consideraba un honor que el soldado ruso combatiese contra Alemania, pero paulatinamente las opiniones fueron cambiado a medida que el número de bajas aumentaban de manera desmesurada.

Con la llegada del invierno del año 1917, los bolcheviques tenían bajo su control Moscú y San Petersburgo, habiéndose alzado entre los demás grupos revolucionarios; pronto establecieron un gobierno. En un inicio se plantearon exiliar a la familia real rusa a Inglaterra, pero finalmente estos fueron recluidos en el sótano de la casa Ipatiev. El zar Nicolás abdicó en marzo de ese mismo año, tras la Revolución de Febrero.

La mañana del 17 de julio de 1918, los soviets que los mantenían cautivos, temerosos de que el ejército blanco (fiel al zar y a su familia) tratase de liberarlos, fueron brutalmente asesinados el zar, la zarina, y sus cinco descendientes, junto con cuatro criados de la familia, sin piedad alguna, y posiblemente bajo la orden de mutilar y esconder los cadáveres a fin de que no fuesen reconocidos, como confirmaron las marcas y quemaduras en los huesos hallados en una fosa en Yekaterimburgo, en 1991, y que correspondían al zar y a la zarina, a tres de sus hijas y a los cuatro sirvientes.

(Anastasia Romanov, de quien se especuló que habría podido escapar a la matanza)

Se especuló con la idea de que Anastasia, la hija mejor, y el zarevich Alexis hubiesen sobrevivido, pero unos años más tarde, en julio de 2007, se excavó una nueva fosa, situada a unos escasos setenta metros de la primera, donde se exhumaron dos cadáveres: los de los hijos menores de la familia Romanov.

Cayó esa noche una de las más longevas dinastías del poder ruso. 

“Ningún miembro de la familiar sobrevivió a la ejecución en la madrugada del 17 de julio de 1918.”

Bien, ahora que finalmente he conseguido terminar tanto una nueva parte del relato que me prometí que escribiría (la campaña completa de Dark Heresy narrada por Nihila Atreides, mi personaje) y he publicado dos nuevas entradas con la fecha trucada (sí, vale, soy así, como no me dio tiempo en su día… En fin), creo que os debo al menos una explicación.

“… Tal día como hoy (26 de enero), hace un año, nacía el “Sacrae Domus”, fruto del aburrimiento matutino (era sábado) de Lady Nerón, que, por aquel entonces, no se llamaba Lady Nerón (sino Morwen Eledhwen), ni tampoco tenía un blog con el nombre de la Orden más prestigiosa de caballería de Tierra Santa”.

Un año más para el blog (tales palabras salían de mi teclado hace un año) Ya vamos dos. Dos años de artículos, de Historia, de historias, de estupideces y algunos que otros posts más serios… de música, de arte, de críticas… Lo que más me duele es no haber podido escribir mi artículo de rigor acerca de los Templarios este año por el aniversario del blog. Lo siento. No consigo llevar los trabajos al día, casi, siempre ando la última noche haciendo algo.

Otro año más para mí. Sí, por eso he publicado la segunda parte del relato de Nihila bajo la fecha del día de mi cumpleaños. Ya comienzo a hacerme mayor. Aunque sinceramente, estoy en medio de esa estúpida etapa que llaman adolescencia. Yo no siento nada especial. He cumplido dieciséis años. No me emborraché ese día, ya que parece que es lo que todos los jóvenes salimos a hacer los sábados por la noche. Oh, siento decepcionaros.

El ritmo del blog ha bajado muchísimo desde que lo inicié. Antes iba a una entrada por día, casi. Ahora los estudios se hacen más duros, hay que ponerse todos los días (no sé para qué trato de mentiros… sigo estudiando el día antes)…

A todos los que estén dispuestos a soportarme un año más… ¡Non nobis, domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam!

El zarismo (Parte I):

En colaboración con David Pereda.

Parte I

Del zarismo en Rusia

El zarismo fue el sistema político predominante en el Imperio Ruso desde el siglo XVI hasta comienzos del siglo XIX. Hay que decir, que el zarismo fue el único régimen absolutista que se mantuvo en Europa tras la caída del Antiguo Régimen en el siglo XVIII.

El término zar se utilizaba para designar a los monarcas que regían el territorio y que tenían gran poder. En el caso de que el zar fuera una mujer, recibía el nombre de zarina. El símbolo oficial del zarismo es el águila con dos cabezas.

Tiene su origen en la antigua palabra para designar a los gobernantes del Imperio Romano: “caesar” y por supuesto guarda una relación de significado con ella, ya que los zares llegaron a reunir tanto poder en sus manos como los desaparecidos emperadores romanos.

Este término ha sido utilizado desde tiempos antiguos, y en distintas culturas ha designado a los monarcas en general. Durante la Edad Media, algunos reyes búlgaros llevaban el nombre de zar.

Los zares, al ser gobernantes absolutistas, eran los responsables de todo el sistema político, económico y administrativo, es decir, controlaban todos los poderes del Estado, reunidos en su persona.

Es importante para descubrir el significado del zarismo, averiguar cómo fue su origen. Hay que decir, que en el siglo XIV, los rusos estaban bajo el dominio de los tártaros (que era el nombre que recibían los mongoles en aquella época). Fue gracias a la victoria rusa en la batalla de 1380, cuando se empezó a vislumbrar el fin de la dominación. Su precursor sería Dimitri Ivanovich de Moscú. A partir de este momento, las diversas regiones rusas se alzarían contra los mongoles y con el paso del tiempo se lograrían más conquistas.

Sin embargo, el triunfo definitivo llegaría un siglo más tarde, en el año 1480, cuando el príncipe Iván III proclamó oficialmente la independencia rusa y se rebeló contra los tártaros, dejando de pagar los impuestos.

Rusia dejaba de estar oprimida y empezaba a tomar contacto con sus países vecinos. Poco a poco se estaba creando la nación más poderosa de todo el continente europeo. Los rusos eran conscientes de ellos y tras la caída definitiva de Constantinopla y con ella del Imperio Bizantino, se consideraron como la nación más poderosa del mundo.

El primer zar de la historia de Rusia fue el monarca Iván IV, quien quiso adoptar este título para resaltar el cambio que había experimentado la monarquía. También se proclamó Gran Príncipe de todas las Rusias. Estamos hablando del año 1547. Como es propio de los regímenes absolutistas, el monarca ruso consideraba que su poder estaba avalado por el mismo Dios y que ninguna otra persona podría estar por encima de él ni podría contradecir sus órdenes.

(Iván IV El Terrible, primer zar de la historia de Rusia)

Hasta nuestros días han llegado las horribles y violentas tácticas que este zar empleaba contra sus súbditos, sobretodo en sus últimos años de reinado, puesto que llegó a asesinar a su hijo primogénito. Todos estos sucesos le dieron el sobrenombre de El Terrible.

Iván IV fue un monarca obsesionado con la posibilidad de ser traicionado por sus más allegados, algo que terminó por llevarle a la locura y a poner en serio peligro la hegemonía de Rusia. Después de su muerte, Rusia no recuperaría su esplendor hasta la llegada de la dinastía Romanov.

Los sucesivos monarcas recibieron el nombre de zares hasta la creación del Imperio Ruso en el año 1721, que sustituiría al antiguo zarato. Tras esta fecha, el título de zar fue siendo sustituido por el de “imperator”, aunque ambos títulos seguirían conviviendo y el de zar se utilizaría como término accesorio al de emperador, puesto que designaba la soberanía sobre un territorio en concreto. Pedro I, conocido como el Grande, fue el primer monarca ruso que reunió ambos títulos.

Con la creación del Imperio Ruso, los zares incrementaron considerablemente su poder, ejerciéndolo sin límites y considerándose dignos sucesores de los antiguos gobernantes de los Imperios Romano y Bizantino, ya que consiguieron unificar todos los territorios rusos y tenerlos bajo su dominio.

Los principales apoyos con los que contaban los zares eran la nobleza y la Iglesia al igual que en las distintas monarquías absolutistas europeas.

(Emblema del Imperio Ruso, el águila bicéfala)

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