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Inked Heart:

Inked Heart

Para Lengard, el “Títere de Tinta”, con cariño

Illustrator CS3 (efecto base)

Photoshop CS3 (ojo pintado desde cero, y efecto “tinta”)

Aproximadamente media hora

Día 1

≈♦≈

Nihila

Vengo de un planeta arrasado. Calipso IV, integrante de uno de los brazos de la Vía Láctea, no demasiado lejos de Terra, el hogar del Dios-Emperador y centro neurálgico de Universo Imperial, el planeta más puro de la Galaxia. 

No tengo familia, no tengo una historia propia, que me pertenezca sólo a mí. Comparto el reinado de mi existencia con el miedo, y con el fervoroso sentimiento del odio visceral. Rencor que se traduce en fuego en mis entrañas, y dolor que hierve en mis venas mil veces quemadas por el mismo sentimiento. 

Sobrevivir. Eso es lo que llevo haciendo más de diez años en Terra, lejos de mi hogar natal. Hogar. No lo tengo, tampoco lo tuve nunca. Una casa hereje no puede llamarse hogar. La purga de la herejía es el deber de todo ciudadano imperial.

Sobrevivimos pocos, tan sólo unos cuantos niños, y después de que hubiésemos probado duramente, con sangre y dolor, que no estábamos contaminados por la plaga. Qué cruel es el ser humano. Y fuimos enviados como adeptos a la Inquisición, sometidos a la voluntad de los Puros, y instruidos en el arte de la purga.

Me llamaron Nihila. Nihila, Hija del Vacío, en gótico arcano. Hija de la Herejía. A cada uno nos daban un nombre. Era aleatorio, pero todos tenían significados despectivos que nos recordaban perpetuamente nuestro origen despreciable.

Ahora soy arbitradora. Supongo que me obligaron a ejercer dicho trabajo por mi constitución física, alta, fuerte y vigorosa. Jueza en peleas callejeras, dictadora de sentencias en juicios públicos. Soy quien lleva las almas al matadero. Soy quien purga la herejía en las calles. Porque ellos también tienen derecho a la salvación.

Me dejaron teñirme el pelo, cuando llegué a una cierta edad. Me lo teñí de blanco, como la mayoría de los Inquisidores, para no desentonar más entre ellos. Como recuerdo de mi infeliz niñez tan sólo me quedó un pequeño aro de plata en una de las aletas de la nariz, y unos labios perpetuamente atravesados por una franja negra. 

El Imperio me enseñó a amar al Dios-Emperador, a venerar su símbolo, su religión y sus siempre sabias y adecuadas decisiones. Me enseñó a despreciar a todos aquellos seres que no fuesen de la raza humana, pues eran impuros e indignos de la justicia del Emperador.

A veces nos asignan misiones. Suelen ser de carácter local, pero no todos son afortunados. Algunos no regresan.

Me han reasignado a una nueva escuadra, voluntarios. Voluntarios; se hace una selección arbitraria y son obligados a dar su vida por la Inquisición y la causa, sin apenas recibir nada a cambio. No valemos nada, hay miles de millones de personas como nosotros dentro de los dominios imperiales.

Formamos un grupo dispare. Somos cuatro, contándome a mí misma.

El primero de ellos es muy alto, quizá mida algo más de dos metros, y es muy delgado. Tiene el cabello claro, casi blanco, y la piel traslúcida característica de la gente nacida en el vacío. Otro hijo de la nada, de ojos verdes y separados, mirada perdida y algo febril, y aparentemente poco interés en todo aquello que le rodea: simplemente le gusta mirar su arsenal de armas. El soldado, Guardia Imperial.

Otro es inquieto, delgado, de poca estatura, ligeramente cargado de espaldas, de cabellos rojos y piel negra. Una extraña combinación. Tiene los ojos almendrados, de color marrón, inquietos y vivaces, que no cesan de moverse en todas direcciones. Parece desconfiado, ni siquiera osa posar sus ojos sobre mi figura.

El último está muy apartado del grupo, huele mal y parece saberlo, aunque su apariencia hostil y salvaje no me hace sonreír precisamente. Es muy moreno, al menos hasta que me fijo en que su piel aparece cubierta por una costra de suciedad y podredumbre de al menos dos centímetros de grosor. Parece no haberse cortado las uñas en años, y sus ojos amarillos, fieros, como los de un gato, lanzan de vez en cuando miradas de desprecio cargadas de odio a todo aquel que logre interponerse en su campo de visión.

Ahora, tras la visita del Inquisidor General, comienza la purga.

≈♦≈

nihila

Primera entrada de carácter histórico tras la reflexión previa a las vacaciones, el reseteo de toda la información inútil adquirida durante el curso y unos cuantos días de cama y salidas a partir de las seis de la tarde. Hace bastante tiempo, concretamente a mediados del curso pasado, inicié una pequeña sección dedicada a las múltiples reinas que tuvo Jerusalén durante la turbulenta época de las Cruzadas, en plena Edad Media. Para ampliación del tema, podéis leer las dos entradas anteriores en esta etiquetaaquí.

Por lo demás, éste es el trabajo que realicé para la última Evaluación de Geografía.

(Idealización de la historia de Sibila en la película “El Reino de los Cielos”)

En la Edad Media, una sociedad dominada (y, en ocasiones, subyugada) por la Iglesia, una sociedad en la que la mujer era tenida como un ser inferior o, en opinión de filósofos tan renombrados como el propio Aristóteles, “un varón incompleto”, rodeada de mitos supersticiones en ocasiones nada cristianos, las mujeres no eran consideradas aptas para reinar, al menos no sin la compañía de un hombre o de un regente varón que velara por la seguridad del territorio.

Pero las crónicas, la memoria popular e incluso la misma Historia (o, acercándonos un poco más a nuestro tiempo: la experiencia probada en numerosas ocasiones) nos demuestran que la mujer es tan capaz de dirigir un reino como de liderar un ejército a la batalla (como nos demuestra, por otra parte, la historia de la conocidísima Juana de Arco), o, mismamente, de organizar la defensa de una ciudad tan santa y tan importante para la Cristiandad entera como lo fue Jerusalén, y más durante este choque de fes que conocemos como Las Cruzadas.

El fracaso de la Segunda Cruzada, lanzada en 1147 y dada por concluida dos años después, tras el fallido intento de asedio a Damasco, dejó el poder y la nobleza europea asentados en Tierra Santa bastante mermados. Se estableció una débil y enfermiza tregua entre Saladino, sultán de Siria y Egipto, quien en aquel momento estaba al mando de las fuerzas musulmanas, que no tardaría mucho en quebrarse.

En su afán por conquistar, y sobre todo incentivado por la ruptura de la tregua por parte de un impaciente caballero cristiano, Saladino lanzó una campaña a lo largo y ancho de toda la Tierra Santa, que culminaría con la toma de Jerusalén, una de las ciudades más santas del Islam.

Uno de los pilares de la cristiandad, el de el mantenimiento de la Ciudad Santa como ciudad cristiana, estaba peligrosamente amenazado. Y fue sobre los hombros de la joven reina Sibila y su corte jerosolimitana sobre quien recayó esta tarea.

No sabe exactamente en qué año nació Sibila, pero históricamente se la fecha hacia 1160, siendo la primogénita de Amalarico I, rey de Jerusalén, e Inés de Courtenay, siendo hermana de Balduino IV, apodado “El Leproso” debido a la enfermedad que padecía.

British Library - Yt  12   152v

(A Balduino le fue detectada su enfermedad durante la niñez, cuando jugaba a la guerra con los demás niños y se dieron cuenta de que no sentía dolor con los golpes)

Inés, madre de los hermanos, fue repudiada por su esposo en 1162 al ser obligado éste por las altas cortes de Tierra Santa a divorciarse de ella a menos que rechazase también el trono de Jerusalén. Amalarico aceptó, pero mantuvo la legitimidad de sus dos hijos y el derecho sucesorio que les correspondía. Sin embargo, Inés fue apartada de sus hijos y no se le permitió criarlos. Un año después se prometía en matrimonio con Hugo de Ibelin, procedente de una poderosa rama de nobles (antaño humildes) asentados en Tierra Santa.

Amalarico no perdió tampoco el tiempo y se apresuró a estrechar lazos con Bizancio, algo que resultaría sin duda provechoso en un futuro, prometiéndose con la joven María Comnena, sobrina del emperador Manuel I.

Sibila, a la partida de su madre, fue enviada a Betania, donde fue instruida por su tía abuela Ioveta en el convento de San Lázaro (fundado anteriormente por la hermana de esta última, la antigua reina Melisenda de Jerusalén) ya que, en un inicio, aun a pesar de ser la primogénita, no estaba destinada a reinar (para eso ya estaba su hermano, pues en fue coronado sin que se supiese nada de su enfermedad) Sibila, como mujer que era en medio de una sociedad machista, tenía por delante largos años de meditación y oración en el convento donde la habían recluido.

Tras la muerte de Amalarico, en 1174, las Cortes Supremas acordaron la ascensión al tono del heredero varón del mismo, bajo el nombre de Balduino IV, ya que su hermana mayor permanecía enclaustrada en el convento y su pequeña hermanastra, Isabel, fruto de la relación de Amalarico con su segunda esposa, María, apenas alcanzaba los dos años de edad. Como regente se escogió primero a Miles de Plancy, y, tras el asesinato de éste, al conde Raimundo III de Trípoli, hasta los quince años de edad del joven, que era la mayoría de edad establecida en el reino de Jerusalén.

Pero hete aquí que las cosas se torcieron y la enfermedad del rey Balduino comenzó a mostrar sus primeros síntomas (lo cual significaba que no iba a durar mucho), con lo cual surgió la urgencia de casar y posicionar bien a la jovencita Sibila (respaldada la elección por su madre biológica, Inés), la legítima heredera del reino, ya que María Comnena, la madre de Isabel, pugnaba por la ascensión al trono de su propia hija.

Finalmente, y dos años después de la coronación de su hermano, Sibila contrae matrimonio (tras el acobardamiento del primer pretendiente, el noble Estefano de Sancerre) con Guillermo de Montferrato, primo de Luis VII de Francia y Federico Barbarroja, de quien hereda los títulos de condesa de Jaffa y Ascalón. La mala fortuna hizo que Guillermo falleciese tan sólo unos meses después del enlace, dejando a Sibila embarazada de quien sería en un futuro Balduino V de Jerusalén.

Una reina viuda, y más siendo reina de una ciudad tan política y religiosamente importante era una escandalosa tentación para los ambiciosos caballeros cristianos. Ante esta amenaza, su madre biológica, Inés de Courtenay, decidió casarla con un caballero franco recién llegado a Tierra Santa: Guido de Lusiñán.

Inés de Courtenay fallece en 1184; el 16 de mayo de 1185 muere su hermano Balduino, incapaz de sobrevivir a la progresiva degradación de su cuerpo a la que le había sometido la lepra.

La muerte del joven heredero de Jerusalén, Balduino V pocos meses después (era leproso, al igual que su tío), llevó al reino al borde de una desastrosa guerra civil, que en aquellos momentos hubiese resultado devastadora. Pese a las muchas objeciones, Sibila fue coronada reina de la Ciudad Santa bajo el nombre de Sibila I, aunque no mostraron mucho entusiasmo frente a la idea de que Guido fuese a ser coronado asimismo rey. Viéndose en un apuro que podía costarle el reino, Sibila prometió, antes de ser coronada, divorciarse del caballero, a menos que aceptasen sus condiciones: que sus dos hijas (Alicia y María, fruto de su relación con Guido) fuesen declaradas legítimas, que a su marido se le permitiese seguir llevando el título de conde de Jaffa y Ascalón y que le permitiesen elegir un nuevo esposo con total libertad y sin objeciones.

Y, sin embargo, una vez coronada y aceptadas las condiciones propuestas, divorciada, pudo elegir marido con total libertad. Y volvió a prometerse con Guido de Lusiñán, a lo cual nadie pudo oponerse, pues habían dado su palabra.

Las tropas cruzadas fueron vencidas de manera estrepitosa, casi suicida, el la conocida como la “Batalla de los Cuernos de Hattin”, durante la cual Guido fue tomado como prisionero por Saladino y sus hombres.

(Batalla de los Cuernos de Hattin, donde fue apresado el esposo de Sibila)

En 1187, Saladino tenía sitiada la ciudad de Jerusalén, donde Sibila resistió junto con el pueblo y con la ayuda del patriarca Heraclio y de Balian de Ibelin, uno de los pocos supervivientes de la batalla de Hattin, hasta que finalmente la ciudad capituló el 2 de octubre de ese mismo año.

La reina obtuvo un salvoconducto a Trípoli para ella y sus dos hijas; Guido fue liberado un año después a petición de la misma Sibila en una carta dirigida a Saladino, y huyeron juntos hacia la última ciudad libre del reino, Tiro.

Pocos meses después, muere con sus hijas durante una epidemia, quedando Guido prácticamente desposeído.

Le sucedió Isabel, su hermanastra, hija de María Comnena y Amalarico I.

Cuando ya creíais que por fin me había olvidado del blog (sí, es cierto, estaré ya de vacaciones, pero el trabajo post-instituto no me lo quita nadie aún, al menos hasta después de los exámenes finales; en efecto, doy clases de recuperación >.<u), pues resulta que vuelvo con otro artículo fuera de serie y nada común aquí. Ay, qué malo es no tener nada histórico preparado.

Hace no mucho 1lisiado comenzó a coleccionar miniaturas y a formar un ejército para un nuevo juego de tablero grande (o sea, de mesa, en plan Warhammer) basado en la Segunda Guerra Mundial llamado “Flames Of War”. Reconozco que a mí no me llaman mucho esos juegos, aparte del Warhammer Fantasy de toda la vida y alguna frikada varia, como el rol, pero resulta que el Gran Comandante de la División Wiking SS necesitaba estandartes para sus tropas, y hete ahí que mis servicios como pintora se vieron solicitados. Solicitados para pintar estandartes y decorar tanques nazis, en efecto. Pero bueno, dejemos a un lado la carga histórica de tal ejército (espero que no toméis represalias contra mí por dedicar mis ratos libres a pintar lemas), y pasemos un poco a las miniaturas (todas ellas representan el modelo de tanque Stug III y pueden ampliarse):

Pintado de tanques – 1lisiado.

Decoración (lemas, símbolos) e imágenes – Lady Nerón.

IMG_0807

(1lisiado y yo ultimando los detalles para la sesión de fotos. No, no se puede ampliar la imagen, jaja)

escala

(Como todos sabemos el tamaño que tiene un boli Bic, lo hemos puesto junto al tanque para que os hagáis más o menos una idea de la escala a la que está y sobre todo, del tamaño de la miniatura)

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(Los dos tanques terminados. Dios, me siento orgullosa de esas tres estrellas y del lema. Porque me quedó bien, eh, no porque me guste lo que representa ni lo que significa)

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(Varias vistas del mismo tanque con el lema de la SS en un lateral, además de un grupo de francotiradores y otro de mando con cámara, jefecillo y estandarte)

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(Vista lateral de ambos tanques completamente finalizados)

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(Para finalizar, una de las mejores vistas de nuestra zona de trabajo. Especial atención al mapa de Tierra Santa que asoma por detrás)

Sé que llevaba demasiado tiempo esto sin ninguna entrada decente, pero, como el calor me da sueño, pues no he preparado aún nada de ningún tema histórico, por lo que quiero dejar aquí algo un poco diferente para animar el blog.

En parte lo hago como agradecimiento por todo este tiempo que lleváis siguiendo mi blog.

Nota antes de la lectura: si alguno no está conforme con la definición que le he asignado (lo he hecho como simple diversión, no es ninguna ofensa) o, en el caso de que me haya olvidado de alguien, por favor, comentario >.<u

(Ambrose Bierce, el autor del célebre “Diccionario del Diablo”)


Metalsaurio; caimán – cocodrilo de América, superior, en todo, al cocodrilo de las decadentes monarquías del Viejo Mundo. Herodoto dice que, el Indus es, con una excepción, el único río que produce cocodrilos; estos, sin embargo, parecen haberse trasladado al Oeste, y haber crecido con los otros ríos.

1lisiado; cínico - miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser. Los escitas acostumbraban a arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión.

Apreciador; día – período de veinticuatro horas en su mayor parte desperdiciado. Se divide en el día propiamente dicho y la noche o día impropiamente dicho; el primero se consagra a los pecados financieros y la segunda a los otros pecados. Estas dos clases de actividad social se complementan.

Reaper Shadow; elocuencia – arte oral de persuadir a los tontos de que lo blanco es blanco. Incluye el don de hacer creer que cualquier color es blanco.

Isone de Hasgar; esotérico – abstruso en forma muy particular, y consumadamente oculto. Las filosofías antiguas eran de dos clases: “exotéricas”, o sea aquellas que los propios filósofos podían comprender en parte; y “esotéricas”, o sea las que nadie podía comprender. Estas últimas som las que han afectado más profundamente el pensamiento moderno y las que han tenido mayor aceptación en nuestro tiempo.

Sayuri; gato – autómata blando e indestructible que nos da la naturaleza para que lo pateemos cuando las cosas andan mal en el círculo doméstico.

Kalan; Historia – relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por gobernantes casi siempre pillos o por militares casi siempre necios.

Ker y Xai; imaginación – depósito de mercaderías que poseen en común los poetas y los mentirosos.

Lady Nerón; loco – dícese de quien está afectado de un alto nivel de independencia intelectual; del que no se conforma a las normas de pensamiento, lenguaje y acción que los conformantes han establecido observándose a sí mismos; del que no está de acuerdo con la mayoría; en suma, de todo lo que es inusitado. (…)

The Blind y The Reaper; novela fantástica – obra de ficción que no rinde pleitesía al Dios de las Cosas que Son. En la novela, el pensamiento de escritor está atado a la verosimilitud, como un caballo al palenque, pero en la novela fantástica se pasea a voluntad por todo el reino de la imaginación, libre, sin ley, sin rienda ni freno (…)

Loen; tinta – innoble compuesto de tanogalato de hierro, goma arábiga y agua, que se usa principalmente para facilitar la propagación de la idiotez y promover el crimen intelectual. Las cualidades de la tinta son peculiares: puede emplearse para hacer reputaciones y para deshacerlas; blanquearlas y ennegrecerlas; pero su aplicación más común y aceptada es a modo de cemento para unir las piedras en el edificio de la fama, y de agua de cal para esconder la miserable calidad del material (…)

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