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Bien, ahora que finalmente he conseguido terminar tanto una nueva parte del relato que me prometí que escribiría (la campaña completa de Dark Heresy narrada por Nihila Atreides, mi personaje) y he publicado dos nuevas entradas con la fecha trucada (sí, vale, soy así, como no me dio tiempo en su día… En fin), creo que os debo al menos una explicación.

“… Tal día como hoy (26 de enero), hace un año, nacía el “Sacrae Domus”, fruto del aburrimiento matutino (era sábado) de Lady Nerón, que, por aquel entonces, no se llamaba Lady Nerón (sino Morwen Eledhwen), ni tampoco tenía un blog con el nombre de la Orden más prestigiosa de caballería de Tierra Santa”.

Un año más para el blog (tales palabras salían de mi teclado hace un año) Ya vamos dos. Dos años de artículos, de Historia, de historias, de estupideces y algunos que otros posts más serios… de música, de arte, de críticas… Lo que más me duele es no haber podido escribir mi artículo de rigor acerca de los Templarios este año por el aniversario del blog. Lo siento. No consigo llevar los trabajos al día, casi, siempre ando la última noche haciendo algo.

Otro año más para mí. Sí, por eso he publicado la segunda parte del relato de Nihila bajo la fecha del día de mi cumpleaños. Ya comienzo a hacerme mayor. Aunque sinceramente, estoy en medio de esa estúpida etapa que llaman adolescencia. Yo no siento nada especial. He cumplido dieciséis años. No me emborraché ese día, ya que parece que es lo que todos los jóvenes salimos a hacer los sábados por la noche. Oh, siento decepcionaros.

El ritmo del blog ha bajado muchísimo desde que lo inicié. Antes iba a una entrada por día, casi. Ahora los estudios se hacen más duros, hay que ponerse todos los días (no sé para qué trato de mentiros… sigo estudiando el día antes)…

A todos los que estén dispuestos a soportarme un año más… ¡Non nobis, domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam!

En colaboración con David Pereda.

Parte I

Del zarismo en Rusia

El zarismo fue el sistema político predominante en el Imperio Ruso desde el siglo XVI hasta comienzos del siglo XIX. Hay que decir, que el zarismo fue el único régimen absolutista que se mantuvo en Europa tras la caída del Antiguo Régimen en el siglo XVIII.

El término zar se utilizaba para designar a los monarcas que regían el territorio y que tenían gran poder. En el caso de que el zar fuera una mujer, recibía el nombre de zarina. El símbolo oficial del zarismo es el águila con dos cabezas.

Tiene su origen en la antigua palabra para designar a los gobernantes del Imperio Romano: “caesar” y por supuesto guarda una relación de significado con ella, ya que los zares llegaron a reunir tanto poder en sus manos como los desaparecidos emperadores romanos.

Este término ha sido utilizado desde tiempos antiguos, y en distintas culturas ha designado a los monarcas en general. Durante la Edad Media, algunos reyes búlgaros llevaban el nombre de zar.

Los zares, al ser gobernantes absolutistas, eran los responsables de todo el sistema político, económico y administrativo, es decir, controlaban todos los poderes del Estado, reunidos en su persona.

Es importante para descubrir el significado del zarismo, averiguar cómo fue su origen. Hay que decir, que en el siglo XIV, los rusos estaban bajo el dominio de los tártaros (que era el nombre que recibían los mongoles en aquella época). Fue gracias a la victoria rusa en la batalla de 1380, cuando se empezó a vislumbrar el fin de la dominación. Su precursor sería Dimitri Ivanovich de Moscú. A partir de este momento, las diversas regiones rusas se alzarían contra los mongoles y con el paso del tiempo se lograrían más conquistas.

Sin embargo, el triunfo definitivo llegaría un siglo más tarde, en el año 1480, cuando el príncipe Iván III proclamó oficialmente la independencia rusa y se rebeló contra los tártaros, dejando de pagar los impuestos.

Rusia dejaba de estar oprimida y empezaba a tomar contacto con sus países vecinos. Poco a poco se estaba creando la nación más poderosa de todo el continente europeo. Los rusos eran conscientes de ellos y tras la caída definitiva de Constantinopla y con ella del Imperio Bizantino, se consideraron como la nación más poderosa del mundo.

El primer zar de la historia de Rusia fue el monarca Iván IV, quien quiso adoptar este título para resaltar el cambio que había experimentado la monarquía. También se proclamó Gran Príncipe de todas las Rusias. Estamos hablando del año 1547. Como es propio de los regímenes absolutistas, el monarca ruso consideraba que su poder estaba avalado por el mismo Dios y que ninguna otra persona podría estar por encima de él ni podría contradecir sus órdenes.

(Iván IV El Terrible, primer zar de la historia de Rusia)

Hasta nuestros días han llegado las horribles y violentas tácticas que este zar empleaba contra sus súbditos, sobretodo en sus últimos años de reinado, puesto que llegó a asesinar a su hijo primogénito. Todos estos sucesos le dieron el sobrenombre de El Terrible.

Iván IV fue un monarca obsesionado con la posibilidad de ser traicionado por sus más allegados, algo que terminó por llevarle a la locura y a poner en serio peligro la hegemonía de Rusia. Después de su muerte, Rusia no recuperaría su esplendor hasta la llegada de la dinastía Romanov.

Los sucesivos monarcas recibieron el nombre de zares hasta la creación del Imperio Ruso en el año 1721, que sustituiría al antiguo zarato. Tras esta fecha, el título de zar fue siendo sustituido por el de “imperator”, aunque ambos títulos seguirían conviviendo y el de zar se utilizaría como término accesorio al de emperador, puesto que designaba la soberanía sobre un territorio en concreto. Pedro I, conocido como el Grande, fue el primer monarca ruso que reunió ambos títulos.

Con la creación del Imperio Ruso, los zares incrementaron considerablemente su poder, ejerciéndolo sin límites y considerándose dignos sucesores de los antiguos gobernantes de los Imperios Romano y Bizantino, ya que consiguieron unificar todos los territorios rusos y tenerlos bajo su dominio.

Los principales apoyos con los que contaban los zares eran la nobleza y la Iglesia al igual que en las distintas monarquías absolutistas europeas.

(Emblema del Imperio Ruso, el águila bicéfala)

Nihila Atreides © Lady Nerón (el dibujo no coincide con la situación de la historia, sino que es posterior)

Dark Heresy © Eage/ Games Workshop

Nave Inquisitorial Beta450. Capilla de la Catedral.

Nihila Atreides era una persona físicamente grande, pero se sorprendió al ver que el Inquisidor que tenían delante era aún más grande que ella. Todo allí era grande, magnificiente y como recién construido: nunca había estado en una nave tan impresionante. La fría luz del hiperespacio se colaba por las miles de vidrieras que adornaban las paredes de la catedral, dándole a la estancia un fantasmal resplandor de cristal coloreado. No era de día ni de noche, era imposible saberlo, dado que no se encontraban cerca de ningún sistema solar, y la única iluminación que tenían era la de las estrellas que los rodeaban.

El hombre, ataviado con una rica y adornada túnica de la Inquisición Imperial, se situaba frente al altar, de espaldas al grupo, mirando a través de la enorme ventana. Su voz era grave y pausada, como si no tuviese prisa en finalizar el discurso que estaba dando. Aparte de ella y del ladrón con el que llevaba unas horas compartiendo camarote, había dos personas más en la estancia. Uno de ellos, pues ambos eran varones, era un Guardia Imperial de más de dos metros de estatura, pálido y de cabello rubio, con todo un arsenal de armas a sus espaldas. Y el otro no sabía muy bien de qué tenía apariencia, pero desprendía un desagradable tufillo a rancio que la hizo permanecer lo más alejada posible de él. Tenía un rostro feroz, de piel morena (o al menos ése era el color aparente) y ojos amarillentos, que recordaban un poco a los felinos más salvajes. Llevaba las ropas desgastadas y sucias, lo cual le hizo pensar en un asesino o un mercenario. La voz del Inquisidor se alzó por encima de la de sus pensamientos:

-… El Ojo del Terror bulle en plena actividad, la actividad registrada es la más fuerte desde hace muchos años; probablemente hayáis oído rumores. Miles de personas a nuestro servicio salen ahí fuera-alzó un dedo índice y señaló a través del cristal-cada día para no regresar jamás. Vuestro deber será purgar la herejía. Destruir la corrupción que se aloja en los hogares de miles de personas desprotegidas y de voluntad débil, miles de personas que no ven la Luz del Emperador. ¡No merecen piedad!-se giró de repente, con los ojos muy abiertos, ojos de un violeta profundo, brillantes y casi febriles-¡No merecen la salvación de Nuestro Señor!

Hizo una pausa, pasando la mirada de uno a otro: le gustaba comprobar el efecto que sus palabras producían en sus oyentes. Los observó detenidamente. La joven arbitradora le observaba casi con devoción; Daren Stormwood se sonrió a sí mismo ante tal gesto. El Guardia Imperial pasaba la mano lentamente por la funda de la pistola que colgaba de su cadera y el ratero mantenía nerviosamente las manos en los bolsillos de su gabardina. El tercer hombre (si es que merecía tal denominación-pensó con desprecio) dejó escapar un gruñido ahogado, dejando entrever unos afilados colmillos en su boca. Daren dudó hasta de que hubiese oído hablar alguna vez del Emperador y Su Sagrado Trono, y se propuso decirle un par de verdades a quien hubiese traído a su nave a tales desgraciados una vez finalizada la entrevista.

-Se os dirá lo que tenéis que hacer en breves. Nos estamos acercando a un sistema solar cercano al Ojo: hace un tiempo que tenemos consciencia de que una especie de… secta amenaza a los civiles. Es un planeta bastante árido, fundamentalmente desértico, y la mayoría de la población es nómada y se dedica al comercio. Las naves de reconocimiento han advertido cambios en la organización de las tribus y en su comportamiento, pero sospechamos que la fuente original se encuentra en la capital del continente, la ciudad de Ashkaar V. De todas formas, una vez allí, el comisariado local os proporcionará la información pertinente-lanzó un suspiro cansado-No importa de dónde procedáis, ni dónde hayáis sido elegidos: sólo importa que sirváis. La Luz del Emperador os guíe, jóvenes adeptos. Y bienvenidos al Ordo Hereticus.

-No hay salvación para los impuros-vaticinó Nihila, con voz grave. Metralleta rió de manera disimulada al ver la expresión de sus dos nuevos compañeros.

Los ojos del Inquisidor se llenaron de orgullo.

-Partid ahora.

Nihila Atreides © Lady Nerón 2009

Nave Inquisitorial Beta450. Camarote I.

El hombre se reclinó contra la fría pared del camarote, expulsando lentamente el humo del cigarrillo por las comisuras de sus labios entreabiertos. Examinó con sus ojos de azabache a la mujer con la que compartía habitación, con la cabeza inclinada sobre un libro de apariencia costosa, grueso y forrado en piel, dotado de múltiples cerrajes y correas. Una escopeta de corredera reposaba mansamente sobre su regazo.

Tenía el rostro en forma de corazón, y la piel traslúcida cubierta de pecas oscuras. A pesar de tener las mejillas sonrosadas y de aspecto juvenil, duras y finas líneas de expresión cruzaban el espacio entre sus cejas y bordeaban las comisuras de sus labios, pálidos y tatuados con una gruesa línea transversal de color negro. Y aquéllas no eran marcas que indicaban que sonriese muy a menudo. Un delgado aro de plata agujereaba una de las aletas de su nariz, y no pudo ver sus ojos debido a la espesa cortina de pelo, teñido de blanco, al estilo de los arbitradores y miembros de la Inquisición, que le caía sobre la frente. Lo llevaba cortado por debajo de las orejas y sin peinar. Evaluó con el ojo crítico de ladrón las escasas pertenencias de la joven. No le darían nada por una vieja túnica del Administratum ni por un símbolo que ni siquiera era de plata del Adeptus Arbitres. Y un largo abrigo de cuero era algo muy común y poco aprovechable. No había indicios de que tuviese dinero o algo más que no fuesen su libro (probablemente un aburrido tomo sobre las leyes o sobre la religión del Emperador) o sus ropajes.

Ella alzó la mirada, con los ojos entrecerrados y los labios apretados en una mueca de desprecio. Sus ojos eran fríos como el hielo, de color gris acerado, y sus pestañas, blanquecinas, apenas existentes.

-¿Qué es tan interesante?-preguntó, con voz ronca. Metralleta pudo apreciar que era una mujer carente de sentimientos o de expresividad más allá del odio, poco femenina. Le evaluó de arriba abajo, dejando el libro junto a ella, sobre la cama.

El ladrón rió ante la reacción de la mujer, dándole una nueva calada al cigarrillo, que se consumía entre sus dedos. Se entretuvo haciendo delgados aros y volutas con el humo, sin dejar de mirarla.

-Maldita sea, rata de alcantarilla-amartilló la escopeta y se puso en pie, como movida por un resorte. El hombre pudo advertir una pesada pistola láser sujeta en la cadera de la arbitradora, por debajo del abrigo.

Metralleta alzó las cejas, nada sorprendido; había lidiado muchas veces contra gente como ella en las calles de su planeta natal. Rebuscó entre los múltiples bolsillos interiores de su gabardina raída, extrayendo un paquete de cigarrillos baratos, casi vacío. Le lanzó uno a la mujer, que lo agarró al vuelo y volvió a sentarse, encendiéndolo con un mechero que sacó del abrigo.

-Tranquilízate, muchacha-sugirió entre vaharadas de humo espeso-Si la Inquisición nos ha asignado un camarote de tan buena calidad-tocó con los nudillos en la pared, como si el sonido hueco que se produjo pudiese confirmar sus palabras-a un par de fugitivos como nosotros, no es para darnos una ejecución inmediata. He oído que buscan reclutas, probablemente nos manden a morir contra las hordas de herejes del Ojo del Terror.

La mujer le observó, fumando tranquilamente, de nuevo con la escopeta sobre las rodillas. Se pasó la mano por el cabello, apartándose el flequillo.

-¿Qué sabes tú de eso?-inquirió-¿Qué puedes aportarle tú a la Inquisición?-su voz era dura y sarcástica. 

Metralleta no hizo caso, pero respondió en el mismo tono que había empleado ella.

-Un ratero como yo tiene sus contactos. He oído rumores. Llevas las ropas demasiado limpias para ser una vulgar asesina. Y nadie cometería la locura de colgarse al cuello un símbolo del Arbitres e ir exhibiéndolo por media galaxia, chica. Junto con ese estrafalario libro que llevas colgado a la cintura. Me recuerdas a los vulgares penitentes de los mundos altar, ¿has visto alguna vez alguno?-soltó una carcajada.

-Dios proveerá, hereje-susurró ella, sumiéndose de nuevo en la lectura del volumen-Y, como sugerencia, la próxima vez roba algo más decente-lanzó la colilla a los pies de su compañero, tosiendo y expulsando el humo de sus pulmones con algo de dificultad.

“¿Vas a quedarte ahí tendido para que te maten, o te vas a levantar y hacer algo para arreglarlo?”

Teniente anónimo, sector Easy Red.

6 de julio de 1944.

6.05 de la mañana.

La playa de Omaha se sitúa entre dos promontorios rocosos. Más allá de la altura máxima de la marea (unos 275 metros) se encuentra un banco de rocas, zona en la cual cabe destacar un rompeolas de hormigón de unos dos-cuatro metros de altura. Las zonas no cubiertas por el rompeolas estaban ocupadas por grandes acumulaciones de arena, al pie de los acantilados, que sólo presentaban ramblas en cinco puntos.

Todas las defensas alemanas se situaban en las playas: su plan era contener a los asaltantes allí. Se construyeron cuatro líneas de trampas en el agua, en el siguiente orden: una línea discontinua de doscientas puertas belgas con minas terrestres acopladas a los palos, una línea continua de troncos clavados en la arena apuntando hacia el mar (uno de cada tres de ellos coronado por una mina antitanque), una línea continua de los conocido como “espárragos de Rommel”, diseñados para hacer volcar las lanchas de desembarco y una línea continua de erizos. El área entre el banco de rocas y los acantilados estaba plagada de alambre y minas, al igual que sobre las paredes de los acantilados.

La defensa fue realizada por cinco compañías de infantería, concentradas en puestos fortificados, alrededor de las entradas a las ramblas y protegidos por campos de minas y alambre. Las posiciones entre los puestos estaban conectadas por trincheras y túneles. Ninguna zona de la playa quedó sin cubrir, y la disposición de las armas aseguraba que se podía arrojar fuego flanqueado a cualquier lugar de la playa.

Aunque se esperaba que la 716ª División defendiera las playas, el día del desembarco éstas estaban protegidas por la experimentada 352ª División de Infantería.

En cuanto al plan de ataque americano, Omaha fue dividida en diez sectores: Able, Baker, Charlie, Dog Green, Dog White, Dog Red, Easy Green, Easy Red, Fox Green, y Fox Red.

El asalto inicial debían llevarlo a cabo dos Equipos de Combate, apoyados por dos batallones de tanques y dos de Rangers.

El comienzo de los desembarcos estaban planeado para las 6:30 (Hora H), durante la subida de la marea, precedido por un bombardeo naval y aéreo sobre las defensas de la playa, y por la llegada de los tanques cinco minutos antes de la Hora H.

El objetivo era tener despejadas las defensas de la playa para H+2 horas, tras lo cual las ramblas tendrían que estar abiertas y permitir el tráfico de salida de la playa a H+3 horas. Al final del día tendrían que haber quedado establecida una cabeza de puente conectada con el Cuerpo XXX Británico, que había desembarcado en la playa de Gold.

La fuerza del ataque contaba con más de treinta y cuatro mil hombres y tres mil trescientos vehículos, con apoyo naval proporcionado por dos acorazados, tres cruceros, doce destructores y ciento cinco naves más.

A pesar de los minuciosos preparativos, muy poco transcurrió según lo planeado. Diez lanchas de desembarco se perdieron antes de alcanzar la playa, debido a la mar agitada. La mayor parte de los tanques se hundieron por el camino, todo ello aderezado con el humo procedente de la playa y la niebla matinal, que ocultaba los puntos de referencia que debían emplear para guiarse.

En cuanto las embarcaciones se aproximaban a unos pocos metros de la orilla, recibían un intenso fuego de armas automáticas y artillería. Retrasados por el estado del tiempo y tratando de evitar disparar sobre vehículos amigos, los acorazados descargaron su artillería tierra adentro. El mar estaba demasiado agitado, así que se tomó la decisión de transportar a los tanques durante la totalidad del trayecto hacia la playa; muchos de ellos fueron rápidamente neutralizados.

De las nueve compañías que desembarcaron en la primera oleada, sólo la Compañía A, en Dog Green, y los Rangers a su derecha consiguieron desembarcar donde se pretendía.

En cuanto la infantería saltaba de los vehículos de desembarco, se encontraban sobre bancos de arena a cuarenta y cinco o cien metros de la orilla. La mayoría de las secciones tuvieron que hacer frente a todo el peso de las armas ligeras, morteros, artillería y las zonas intercaladas de fuego de ametralladora. En los lugares donde el bombardeo naval había dejado la hierba ardiendo, como en Dog Red, el humo resultante dificultó la visión de las tropas que desembarcaban e impidió a los defensores disparar con efectividad.

Al igual que la infantería, los zapadores quedaron alejados de sus objetivos. Bajo un fuego intenso, se pusieron a la tarea de despejar huecos a través de los obstáculos de la playa, un trabajo dificultado por la pérdida de equipamiento, y por el hecho de que la infantería utilizaba para cubrirse los obstáculos que intentaban neutralizar. Sufrieron grandes bajas cuando el fuego enemigo detonó los explosivos con los que estaban trabajando. No obstante, consiguieron despejar seis huecos, a costa de haber sufrido unas bajas superiores al cuarenta por ciento.

Al no obtener el éxito deseado durante las misiones iniciales de asalto, se ordenó una segunda oleada de desembarcos, de mayor tamaño, destinada a la aportación de refuerzos de las tropas asentadas en la playa y al reabastecimiento de armamento y cargos de mando dentro del ejército. El fuego alemán se repartió por la playa, ya que con la llegada de las nuevas tropas había mayores riesgos de que las fuerzas Aliadas llegasen hasta sus líneas, lo cual facilitó un poco esta segunda oleada (aunque en algunos sectores de la playa el número de bajas fue similar al de la primera oleada) Cabe destacar que a partir de esta oleada no hubo presencia blindada.

Los ingenieros, con la tarea de despejar las salidas, no pudieron cumplir su cometido al perderse el equipo en los desembarcos. Sobrevivieron pequeños focos de resistencia a lo largo de la playa, parapetándose tras los bancos de rocas, que ofrecían cobertura contra armas ligeras.

Alrededor de las 9.30, en Easy Red, observadores alemanes informaron de la pérdida de uno de los búnkeres que defendían la rambla E-1 y de que sólo había una ametralladora disparando. Se trataba de Heinrich Severloh, la Bestia de Omaha, que estuvo disparando su MG.42 hasta las 3.30 de la tarde, causando alrededor de dos mil bajas.

A las 13.35, el puesto de mando alemán informaba de que el ataque había sido repelido, aunque había pequeñas fisuras en la línea de defensa. A pesar de todo, el cuartel de campo alemán solicitó refuerzos, que le fueron denegados por la superioridad aérea Aliada.

Los desembarcos tratan de aproximarse cada vez más a las ramblas, los objetivos originales, pero al ser allí más fuertes las defensas, son repelidos en todas las ocasiones. Sólo consigue avanzarse en los sectores de acantilados, donde las defensas eran más débiles. Los restos del segundo batallón de Rangers escalaron los barrancos cerca de Dog White, creando aberturas en las alambradas con un bangalore (explosivos de muy difícil montaje) Se estableció un grupo de mando en la cima del acantilado; al ver esto, los alemanes dieron el incorrecto informe de que el búnker que coronaba la cima había sido tomado, ordenándose la evacuación de los defensores.

En los demás sectores de acantilado se fueron produciendo avances similares, aunque algo más lentos, dificultados por la presencia de minas adosadas a los acantilados.

Mientras tanto, en la playa, el coronel George Taylor, en un arranque patriótico, consiguió que sus tropas, completamente desmoralizadas debido al fuego constante, cargasen contra las defensas alemanas gracia a la siguiente frase: “En esta playa hay dos tipos de hombres: los que están muertos y los que van a morir. Bien, luchemos ahora para morir tierra adentro”. Organizó a los hombres sin tener en cuenta su unidad, poniéndolos bajo el mando del oficial más cercano, consiguiendo que llegasen al pie de los acantilados.

A pesar de las penetraciones hacia el interior, no se habían cumplido los objetivos clave, ya que las ramblas seguían cerradas, y los vehículos aún no podían salir de las playas. Las zonas de desembarco de vehículos eran escasas y rápidamente se suspendieron.

Según avanzó la mañana, las defensas se fueron debilitando, gracias a los esporádicos bombardeos y a la presencia de los tanques.

Las pequeñas penetraciones consiguieron envolver las defensas alemanas, distrayéndolas, y la artillería pudo ser desembarcada, siendo altas las bajas en estos cuerpos, permitiendo barrer las defensas y conseguir tomar la playa.

(Vista actual de la playa de Omaha. Monumento a los caídos)
Lady Nerón © 2009

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